Cinque Terre

Orquídea Fong

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

AMLO, sus fans y el boicot contra Proceso

El más reciente número de la revista Proceso, que trae en portada a Andrés Manuel López Obrador, ha causado escozor, dolor y escándalo entre los partidarios de AMLO, al grado que ya muchos están llamando al boicot de la revista.

Pero dicho trabajo periodístico es exactamente lo mismo que la revista, en sus buenos momentos, hizo con respecto a otros personajes políticos, priístas, panistas, perredistas, pvemistas y más fauna. Es decir, que por una vez, regresó a su esencia, extraviada durante tanto tiempo.

Aunque sus fans no lo recuerden, no es la primera vez que Proceso se muestra crítico hacia López Obrador y tal actitud crítica tiene años, aunque ha sido muy irregular y se ha combinado con muchas piezas absolutamente favorables a él. (Ejemplo muy reciente, la boda de César Yáñez).

El director de SDPNoticias, Federico Arreola, critica el “sensacionalismo” de la portada. Sí, Proceso ha caído en el sensacionalismo en repetidas ocasiones. Pero llama la atención que sólo sea ahora, que afecta a AMLO, que el sensacionalismo de Proceso molesta a Arreola, y no siempre.

Desde mi punto de vista, este titular no exagera. AMLO se encamina al fracaso y se aísla con cada declaración e inconsistencia.

Proceso ya ha criticado a AMLO

De la época de AMLO como jefe del GDF recuerdo, así de pura memoria, un reportaje llamado “La austeridad republicana, una bomba de tiempo”, en el que se detallaba la grave inconformidad que existía dentro de la estructura burocrática del GDF por los recortes de gastos ordenados por AMLO.

Dichos recortes impactaban, decía el reportaje, incluso en la compra de papel sanitario y conos de papel para beber agua, focos de repuesto (refería el texto que había oficinas iluminadas a medias) e insumos básicos de oficina. Y aseguraba que la incomodidad de los trabajadores quizá llegara a límites insostenibles. Después de ese reportaje, nada pasó. Ni estalló la inconformidad entre burócratas, ni estalló nadie en contra de Proceso. Fue, simplemente, un trabajo periodístico que quiso indagar en un filón que parecía prometer.

Ahora, Proceso dedica su portada a señalar que AMLO se está aislando y se enfila hacia el fracaso en su futuro gobierno. Nada que no hayamos dicho muchos más, pero lo que no se perdona, de parte de los partidarios, es que sea Proceso quien lo diga.

La propia esposa de AMLO, Beatriz Gutiérrez, ya lanzó un tuit donde muestra su indignación por las afirmaciones de Proceso, que, acertadas o no, se inscriben en la libertad de prensa que el futuro gobierno está obligado a respetar.

Proceso, visto como prensa militante

Por alguna razón, los partidarios del futuro presidente consideraban que Proceso era parte de SU prensa. Lo mismo que Aristegui, a quien (todavía) no reclaman estar en contra de AMLO y por ende, del pueblo. No soportan la desilusión y lo que ellos interpretan como traición.

Eso es, ni más ni menos, lo que en etcétera consideramos como ser parte de la prensa militante. Lo malo es que el periodismo que militó en favor de AMLO, al ganar él el poder, se convierte, en automático, en periodismo oficialista.

Por supuesto, en su cortedad, la única explicación que les alcanza es que a Proceso ‘le llegaron al precio’. No toman en cuenta que, en la balanza editorial de la revista, hay balance a favor de AMLO, por los muchos artículos y reportajes que han sido suaves con él y algunos, abiertamente encomiosos.

La revista de la semana anterior, por ejemplo, fue absolutamente favorable a AMLO al omitir abordar el desaseo de la consulta montada por Morena y su líder acerca de la construcción del NAIM. Si dicha consulta hubiera sido organizada por el PRI en, digamos, 1985, Proceso hubiera sido implacable para exhibirla.

Naturalmente, Proceso y cualquier medio, está en su derecho de elegir o descartar los temas que convengan a su línea editorial. Así como quienes nos dedicamos al análisis de medios estamos en el nuestro al señalar presencias u omisiones periodísticas.

Una masa amorfa

Aquí, a mi modo de ver, está el verdadero meollo del problema en lo que respecta a Proceso: en su línea editorial.

¿Cuál es la línea editorial de Proceso, en este 2018? Yo no lo sé y ellos tampoco, estoy segura.

Es una masa amorfa, eso es. Falta dirección, claridad y objetivos. Reviso su portal y su revista impresa y no puedo ver hacia dónde va. Cada número me da una impresión de “collage”, donde se incluyen textos buenos, textos medianos y textos absolutamente desechables, sin orden ni concierto.

Esa inconsistencia hace que, en un número Proceso calle sobre la infame y tramposa consulta, con lo que da pie a que se le critique por validar lo inadmisible. Y que al siguiente número dé la sorpresa con una portada y textos críticos al (nuevo) poder.

Dentro de un medio no es lo mismo la pluralidad que la carencia de línea editorial. En la pluralidad, se admite diversidad de opiniones. En la carencia de línea editorial se olvida qué temas son relevantes y cuáles no para un medio.

Si bien considero que dentro de Proceso la pluralidad existe y eso explica que convivan opiniones como las de Jenaro Villamil, 100% lopezobradorista, con las de otros autores que no son sus simpatizantes o abiertamente lo critican, creo que la línea editorial está perdida.

Cada medio debe determinar con claridad qué le interesa y qué no. Proceso ya no lo sabe. Eso explica que haya saltos radicales como los que menciono, de un número a otro. Es descuido, es confusión.

Celebro que, luego de un largo tiempo, estemos viendo un atisbo del periodismo sin concesiones que hizo historia en este país.

Necesitamos el periodismo de Proceso

Proceso está ante una doble oportunidad única, si decide aceptarla:

1.- Recordar que su periodismo siempre estuvo signado por la crítica al poder, sin importar quién lo ostente.

2.- Aprovechar su aún considerable prestigio para sumarse a la muy necesaria crítica de un régimen que comienza y que no será bueno para este país. Necesitamos todas las voces del periodismo.

Espero que Proceso se reencuentre y se reconstruya. Que este número no sea una mera chiripa.

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