Cinque Terre

Orquídea Fong

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

AMLO, el impredecible camaleón

Foto: Presidencia de la República.

Ustedes no me escucharon o leyeron entonces, pero desde el año 2000 he sostenido que AMLO es un fascinante fenómeno político. Y enfatizo en la palabra “fenómeno”, no en el sentido peyorativo, sino en el sentido de algo digno de observarse, tomando la debida y obligada distancia para que lo emocional no enturbie el razonamiento.

Como redactora que era entonces, me tocaba escribir todos los días la nota de su conferencia de prensa matutina. La que convocaba todos los días como a las 6:30 de la mañana, después de reunirse con el gabinete de seguridad. Nota que, invariablemente, marcaba la agenda política del día, debido a que era lo primero que los periodistas recibían cada mañana y a que el entonces jefe de gobierno del otrora DF siempre aprovechaba para azuzar a sus adversarios, particularmente a Vicente Fox, quien siempre caía en la provocación, bailando al son que AMLO le tocaba.

Al redactar diariamente la nota, pude constatar la riqueza de discurso, astucia y múltiples matices que López Obrador es capaz de manejar. Gracias al contraste con la mente burda y simple de Fox, el brillo de AMLO era más evidente. Un AMLO publirrelacionista experto.

Eso me convenció de su inteligencia y por ese motivo, voté por él en el 2006. Previamente, había votado por él por ser abanderado del PRD, sin conocerlo a fondo.

Por ese motivo, me ha sorprendido de manera sostenida el AMLO que vi tras las derrotas del 2006 y 2012. Tras la derrota de 2006, en que se autonombró “presidente legítimo” y furioso, mandó al diablo a las instituciones con una rabia infinita. El que con aquella caradura sostuvo un plantón de 45 días sobre Avenida Reforma y aseguró que era eso o que el país se bañara en sangre. Un AMLO ultra.

El que casi sin faltar un día se dedicó a llamar “espurio” a Felipe Calderón y a decir que la autoridad electoral era corrupta. Que se enemistó con las cúpulas del país al llamar ladrones, corruptos, mentirosos y rapaces a los empresarios y clase política en general. Un AMLO opositor sin concesiones.

El que se dedicó a recorrer el país sin cesar, en detrimento de su propia salud, imbuido de un sentido de misión histórica: lograr la transformación de México. Un AMLO iluminado.

El que lanzó insultos contra la prensa, cuando publicaba algo que no le favorecía. Un AMLO totalitario.

Me decepcionó el político corto, obcecado, disminuido intelectualmente que vi en todos los debates presidenciales.  Me asombró el rijoso y agresivo López Obrador de los últimos 12 años, el cual no fue durante su jefatura de gobierno, aunque fue muy burlón hacia Vicente Fox. Un AMLO obsesionado.

Fue incluso doloroso –de pena ajena, vamos– verlo repetir las mismas 10 frases una y otra vez. Desesperante. Pero había cálculo detrás de ese simplismo. Un AMLO propagandista.

Y por todo ello, no di crédito al López Obrador de hace unas horas, en la conferencia de prensa que dio luego de reunirse con Enrique Peña Nieto. Un AMLO estadista.

Institucional, cordial, informado, recuperados de lleno los matices de hace años, con un lenguaje transformado. Nunca, jamás, había llamado a Enrique Peña Nieto “presidente CONSTITUCIONAL”. Nunca le había agradecido nada y esta vez lo hizo repetidamente. Nunca había sido educado y decente con él.  Un AMLO astuto. Mucho.

Y también, un AMLO que ejerció de nuevo su bien conocido encanto hacia los reporteros presentes. Hoy fue simpático, paternal incluso, al regañar cariñosamente a los camarógrafos por ser tan impetuosos al cubrir sus eventos. Un AMLO empático.

El AMLO presidente electo es otro, uno que no habíamos visto. ¿Cuál es el verdadero? ¿Por cuál de los AMLOs votó su base electoral?

Y sobre todo, ¿qué tal les caerá esta súbita transformación?

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