Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Alfred Hitchcock, uno de esos genios que le urgen al cine

Alfred Hitchcock es de los pocos hombres del cine que atravesaron exitosos la dimensión del cine mudo a esa otra dimensión casi desconocida en aquel entonces que era el cine sonoro. Y me parece que eso sucedió, entre otras razones, precisamente por su afición a las nuevas técnicas narrativas con las que experimentó durante su carrera. Y a eso se debe también que Hitchcock tuviera éxito no solo en su país de origen, la Gran Bretaña, sino en Hollywood (a dónde llegó justo cuando iniciaba la segunda Guerra Mundial, en 1939).

Sus métodos para provocar sobre todo sensaciones son memorables, y pioneros claro de un cine incipiente, que todavía no empalmaba los movimientos de cámara y las posibilidades de la lente junto con los movimientos que filmaba, en el caso de Hitchcock creo que eso se logró de manera fantástica con los movimientos histriónicos, las gesticulaciones y, en particular, las miradas, recurso mediante lo que el director, además, incitó al espectador a otra forma de voyeur, el deseo por escudriñar desde las entrañas del miedo.

Me parece que esta interjección ayuda a entender el porqué cuando hablamos de Hitchcock lo hacemos del genio del terror: el entrecruce del hombre que hacía rótulos para el cine mudo y que tenía muy claro que el lenguaje del rostro era decisivo para comunicar, con el empleo de todos los sonidos, la música y el grito acaso sobre todo, cuando lo que quiso comunicar o provocar fue miedo.

 

De sus primeras películas solo he visto El ring, un medianamente divertido triángulo de amor entre los encordados, y naturalmente “El hombre que sabía demasiado” (las dos, o sea, la de la Gran Bretaña en 1937 y la de Estados Unidos 1954, esta última donde su técnica se halla perfeccionada.

No obstante, “Con la muerte en los talones” es referencia obligada para quien quiere signar en dónde inició la impronta inmortal de este director y productor. (Y no aludo a la comedia –aunque en una cinta hubiera participado Clark Gable, que es lo que menos me gusta de Hitchcock). Tampoco aludo a su época más productiva que fue en los cincuenta sino que lo hago con ese director que se consolidó en el gusto de legiones de cinéfilos, tanto, que sobre todo lo conocen por sus obras maestras, “Psicosis y Los pájaros”.

Todo esto viene a cuento porque un día como hoy nació este personaje emblemático (13 de agosto de 1989) y porque creo que a la industria del cine le hace falta mucho un denuedo así como el de Hitchcock para atreverse a imaginar y a experimentar, para sacudirnos en la sala de cine y hasta en la cama, como para dormir con el pavor de dejar una mano colgando o al escuchar algunos ruidos, que parecen como picos de aves que tocan la ventana.

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