Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Aladino: De Robin Williams a Will Smith

Dicen que las comparaciones son odiosas y es verdad, pero en el caso de la más reciente versión de “Aladino” que le fue encargada al ex de Madonna, Guy Ritchie, por parte de los estudios Disney, me veo obligada a regresar a aquella producción animada de 1992 que, no es necesario insistir, es muy superior en todas y cada una de sus partes a este remake en live action protagonizado por Will Smith.

“Aladino”, hablo de la película animada de 1992, fue un hito para los estudios Disney por varias razones. Con un costo de 28 millones de dólares -y un salario miserable para Robin Williams, quien caracterizó magistralmente al Genio- la empresa del ratón se embolsó en las taquillas de EEUU y el mundo 504 millones de dólares. Por supuesto habría que convertir los dólares de 1992 a los de ahora, pero no se necesita ser un erudito en las matemáticas para darse cuenta de que la película vendió y vendió bien. En segundo lugar: antes de “Aladino”, las voces de los personajes animados reposaban en actores de voz, muchos de ellos sumamente experimentados, pero no en grandes estrellas. La decisión de convocar a Williams fue de los directores y guionistas John Musker y John Clements. Al principio, el actor no se interesó en el proyecto. Fue entonces que Musker y Clements armaron una animación del Genio, usando material de un show de stand up del propio Williams obviamente con su voz. Cuentan que cuando el actor vio la animación aceptó y su personaje fue diseñado y supervisado nada más y nada menos que por Eric Goldberg, una de las instituciones de la animación en los estudios Disney. Eso no es todo: en lugar de cobrar unos 8 millones de dólares por su participación en la película, para la que grabó 30 horas de diálogos, monólogos e improvisaciones -argumentando que “quería dejar algo hermoso para los niños”-, aceptó una remuneración de 75 mil dólares, con la condición de que ni su personaje ni su voz fueran empleados por Disney para vender mercancía o publicitar la película.¹ Vaya, si han visto la película, se sorprenderán que en el inicio de la misma aparecen los créditos de animadores, productores, directores, compositores pero jamás figuran los de los actores, justamente porque la costumbre era colocarlos sólo en los créditos finales por no ser grandes estrellas. Tras la incursión de Williams, eso cambió en la industria de la animación en todo Hollywood.

El caso es que cuando la película de 1992 tuvo un éxito arrollador, en buena medida gracias al trabajo de Williams, Disney no respetó el trato que tenía e hizo marketing del Genio enfatizando la participación del actor, amén de crear mercancía alusiva. Williams, molesto -y con razón- por la explotación comercial de su imagen y trabajo por parte de los estudios Disney, aprovechó cada oportunidad que tuvo para denunciar el hecho ante los medios. La empresa, inicialmente, se limitó a decir que había un acuerdo entre el actor y la empresa pero era evidente que la inconformidad de Williams estaba provocando daños a la corporación por lo que ésta buscó hacer las paces, primero obsequiándole un Picasso valuado en un millón de dólares y luego, tras arduas negociaciones, se acordó su participación en la tercera parte de la franquicia, dado que para la segunda, “El regreso de Jafar”, no aceptó intervenir y el papel del genio recayó en la voz de Homero Simpson en inglés, el actor Dan Castellaneta. La voz de Williams en “Aladino y el reino de los ladrones”, tercera parte de la franquicia, figuró gracias a una disculpa pública de los estudios Disney y desde la publicidad de la película, figura de manera prominente el nombre del actor.

Al margen de este pleito, la película “Aladino” se produjo en una época en que Disney mostró largometrajes animados de gran manufactura, como “La sirenita” (1989, también dirigida por Muskens y Clements y con la música del laureado Alan Menken, responsable igualmente de la música de “Aladino”), “El rey león” (1994, que para mi gusto es la mejor película animada en la historia de los estudios Disney), etcétera. Fue un momento en que la empresa se benefició del talento creativo de directores, animadores, productores y actores y los resultados trascendieron a tal punto que ahora, ante la crisis de creatividad que parece aquejar a todos los grandes estudios de Hollywood, se ha optado por los remakes, en algunos casos con cierto éxito y en otros, como ocurre con el “Aladino” de Will Smith o con el “Dumbo” de Tim Burton, con resultados lamentables. A ver qué sucede con “El rey león”, me refiero a la nueva versión en live action que se estrenará este verano.

Mientras tanto, comparto mis impresiones sobre el “Aladino” que dirigió Guy Ritchie -cosa que no entendí, toda vez que Ritchie es estupendo en tramas de acción, pero me parece erróneo ponerlo al frente de una producción dirigida, en esencia, al público infantil. La película desarrolla, con algunas variantes, la trama que vimos en el largometraje animado de 1992. La música y canciones son prácticamente las mismas que escribieron Alan Menken y Tim Rice para el film de hace 27 años. Como es sabido, Aladino es una adaptación de una de las historias, al estilo Disney, claro está, de Las mil y una noches.

La película que hoy tenemos en las pantallas de la magia del cine y de la capital del cine, tuvo un costo de 183 millones de dólares y, a la fecha, ha vendido en taquilla en todo el mundo apenas 275 millones de dólares, lo que la convierte en un fracaso. Mi opinión es que, al margen del protagonista y director elegidos para este remake hay circunstancias que no favorecen el éxito comercial de esta producción. A diferencia de 1992, hoy existe un ambiente xenófobo hacia lo árabe y todo lo que se le parezca, cortesía de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y de la política de lucha contra el terrorismo aculada por EEUU. Mena Massoud, actor egipcio-canadiense elegido para encarnar al joven Aladino, no cuenta con la capacidad histriónica para apoyar el desempeño de Will Smith. Vaya, Mena Massud no es Rami Malek, recientemente galardonado con un premio Oscar por su encarnación de Freddy Mercury en “Bohemian Rhapsody”. La otra co-protagonista en la película, Naomi Scott, es una actriz inglesa que encarna a la Princesa Jasmine, pero esta actriz, que me parece que hizo un trabajo correcto a secas, creo que vamos a tener que esperar a que madure -actualmente tiene 26 años- para ofrecernos lo mejor de ella.

Mi punto es: Will Smith no es Robin Williams. Este último, por su capacidad histriónica, podía llenar una película él solo -pienso en “Buenos días Vietnam” y “Papá por siempre”-, es decir, él podía construir un estelar aunque llegó a interactuar con grandes histriones -como Robert De Niro en “Despertares” o Jeff Bridges en “The Fisher King”-, pero, para decirlo pronto, él podía sólo con el paquete. El caso de Will Smith es distinto. El príncipe del rap es un actor sin grandes dotes actorales, que necesita el apoyo de otro histrión para lucir y que le haga comparsa. Pongo el ejemplo de una de sus mejores películas: “Hombres de negro”, donde compartió créditos con el experimentado Tommy Lee Jones. En “Alí”, producción de 2001 que le valió una nominación a los premios Oscar como mejor actor, contó con la participación de histriones como Jamie Foxx y John Voight, ambos estupendos y reconocidos. De ahí que la carrera de Will Smith, si bien se puede considerar exitosa, esté plagada de altibajos -¿se acuerdan de “Wild Wild West”, una de las peores películas de la historia en la que, desafortunadamente también participó nuestra paisana Salma Hayek?

Williams era un maestro de la improvisación, Will Smith necesita seguir los guiones by the book. El primero era espontáneo, el segundo no tiene esa capacidad. Es gracioso, cae bien, es un buen tipo, pero no pasa de ahí. Incluso, a diferencia del “Dumbo” de Tim Burton, donde el elefante bebé resulta adorable (a pesar de que la película es malísima), hay un coestelar que es Danny DeVito y que, con enorme oficio, saca adelante una película insulsa. Para la mala fortuna de Smith, su Genio es físicamente desagradable y grotesco -yo lo usaría para promocionar el detergente Maestro Limpio-, y no hay un Danny DeVito que le haga comparsa y lo salve.

Otro problema que percibo, aunque lo vi en ambas películas, la de 1992 y la de 2019, es cómo compatibilizar lo políticamente correcto con el universo Disney. La película de 1992 fue muy criticada por hacer alusiones peyorativas a los árabes. Se criticaba que la Princesa Jasmine y Aladino lucían demasiado occidentales y poco o nada “árabes.” Se criticó igualmente el aspecto de los árabes en aquella animación, con rasgos toscos, severos que sugerían perversidad y maldad. Quizá por ello brilló tanto el Genio de Robin Williams. Hubo letras de canciones y frases que tuvieron que ser omitidas o cambiadas dada su connotación racista o xenófoba, como aquello de “si te robas algo, los árabes te mochan la mano” -aunque acá en México, el gobernador de Nuevo León, simpatiza con la idea.

En la producción de 2019 vemos a una Princesa Jasmine feminista, reivindicadora del derecho a ser diferente, a disentir, a casarse con quien quiera, pero hay muchas incongruencias. Su padre la nombra “sultán” para que pueda hacer lo que ella guste con su vida, pero ello evidentemente no cambiará la situación de Agrabah ni de los lugares gobernados por ella o su padre o quien sea. Otra cosa: la idea de un sultanato sin harems destaca en ambas películas, porque si bien aparecen las mujeres del sultán, no se les muestra en un primer plano, dado que la poligamia no es políticamente correcta ni aceptada en Occidente. Finalmente, las canciones de Menken y Rice en la voz de Will Smith no lucen como ocurrió con Robin Williams.

Dicho esto, quienes vayan a ver la película háganlo bajo su propio riesgo. Yo, cuando salí del cine, tuve la urgente necesidad de correr a casa para ver la película de 1992 y quitarme el mal sabor de boca. Mi opinión es que debemos dejar que Robin Williams descanse en paz y el mejor tributo que se puede hacer a su trabajo es dejar de hacer costosos remakes. ¿Por qué no construir un largometraje animado con los parlamentos que Robin Williams dejó grabados cuando hacía Aladino? Es cierto que, según su voluntad, esos parlamentos no se pueden usar sino hasta 25 años después de su muerte -la cual aconteció, sorpresivamente, el 11 de agosto de 2014. Pero seguramente Disney puede hacer muchas otras cosas e intentar ser creativo en las siguientes dos décadas, antes de reivindicar a Robin Williams como debe ser.

Como nota final señalo que sigo sin entender por qué Disney está empeñado en hacer secuelas, precuelas, remakes y demás de películas de enorme éxito de épocas precedentes. Entiendo el tema de la mercadotecnia, pero ¿no sería suficiente con remasterizar las grandes películas de antaño para que las nuevas generaciones puedan disfrutarlas?


  1.  Aly Weisman (November 19, 2014), “Robin Williams once got so upset with Disney that the Company sent him a $1 million Picasso peace offering”, en Business Insider, disponible en https://www.businessinsider.com/robin-williams-disney-feud-picasso-gift-2014-11

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