Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

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Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

“El ala del tigre” y Ana Belén López

La poeta Ana Belén López es originaria de Mazatlán. Fotografía de Abril Pruneda.

En plena pandemia —días antes del inicio de la vacunación en el mundo, en una Feria Internacional del Libro de Guadalajara virtual— se presentaron en diciembre de 2020 cinco nuevos títulos de la colección de poesía “El ala del tigre” de la Universidad Nacional de México. Un año después, en la misma FIL, los autores estuvieron presentes. Hace unas décadas, la serie de libros había sido punto de referencia editorial. Ni visible, ni palpable (2020), número uno del relanzamiento de la colección, es la más reciente suma de poemas publicados de Ana Belén López. Se trata de su quinto libro de poesía desde 1993. Su lectura depara encuentros esclarecedores, pasando por una tintorería, e incluyendo “tener esperanza en la tierra húmeda”.

Originalmente, El ala del tigre fue el título de un libro de poemas de Rubén Bonifaz Nuño, publicado en 1969. De ahí el poeta, editor y profesor Vicente Quirarte tomó la frase para fundar la colección de poesía contemporánea de México de la UNAM. En la primera etapa de “El ala del tigre” —entre 1990 y 2000— se publicaron más de cien títulos en sobrias ediciones de pastas fieltradas blancas, con camisas de papel vegetal traslúcido. Ahora, Socorro Venegas es la directora de la colección. Robin Myers se encargó de la edición de los primeros poemarios que componen el renacimiento de “El ala del tigre”. Ahora la responsabilidad editorial ha pasado a Elisa Díaz Castelo. Ambas editoras son también poetas y traductoras. Los nuevos libros tienen sus lomos expuestos —como una forma de continuar el aire artesanal de la serie anterior— y cubiertas color naranja, con pastas no adheridas a los cuadernillos. Los nuevos diseñadores son Andrea García Flores y León Muñoz Santini.

Los lectores de la obra de López reconocerán su habla poética, encontrarán continuidades desde su primer libro, Alejándose avanza. Hay incluso recurrencias léxicas, de imágenes, apego y construcción de sentido, por ejemplo, en la palabra y alrededor del color “rojo”. Al mismo tiempo, surge la presencia de materiales —“pelos”, “tabaco”, “piedra”, “huesos”— que ahora conviven con otros más tradicionales tanto en los poemas de López como, llanamente, en la poesía. El carácter narrativo de varios poemas es también continuidad con su obra anterior; aunque ahora los relatos en su poesía cada vez alcanzan mayor concentración: si antes algún verso refería una acción, ahora un par de ellos puede encerrar circunstancias y afectos malogrados: “El bebé indiferente/ bebía leche amarga”.

La presentación de la nueva fase de El ala del tigre ocurrió virtualmente. Imagen FIL 2020.

En un tiempo en que se habla y trabaja —acaso en exceso de coincidencia entre autores— a partir de la “corporalidad” y simplemente del cuerpo, López entra también en esa dinámica, con algo de crudeza. Recuerda a sus lectores que los cuerpos no son sólo lo que dictan los planteamientos sobre la hipersexualización, la cosificación y la opresión, sino que también son la cara de una lucha menos lucidora en sociedad: “pulmones”, “rictus”, “sordo”, “uñas largas”. Algunos de estos factores pueden referir al paso del tiempo: “Una nuca gastada./ Un trozo de sangre lenta”. Quizá el envejecimiento que a cualquiera atormenta. Pero también la paradoja de la materialidad y la inconsciencia: “A veces/ se me olvida respirar”. En Ni visible, ni palpable se alcanza el desprendimiento de uno mismo: “Cuando duermo me sobran los brazos”.

El libro Ni visible, ni palpable es el quinto poemario de Ana Belén López. Imagen UNAM.

Estudiosa de los poemas extensos de Octavio Paz en cierto momento de su vida, algunos versos de López traslucen modos de ese poeta. Sin embargo, es bastante más claro que su poesía pertenece a una tradición que se palpa en cada una de sus composiciones: una intención de trabajar en la sonoridad del lenguaje. Pero ¿qué significa trabajar el lenguaje? De diferentes maneras, cualquier poeta pone gran atención al lenguaje. Las aseveraciones sobre el cuidado del lenguaje pueden expresar muy poco, tienden a ser imprecisas. Por ejemplo, la popular retórica que vuelve inasible e irreconocible en los poemas algún punto de referencia personal llega a alcanzar dimensiones artesanalmente admirables. Sus autores no mentirían al afirmar que trabajan el lenguaje de sus textos. No obstante, se trata del lenguaje de una comunidad, más que de la búsqueda personal de una forma particular de poesía.

Ni visible, ni palpable no es completamente ajeno a esa(s) retórica(s), pues llega a leerse: “Hacia el abismo del fondo/ en un instante”. Su opción, sin embargo, es otra: los poemas de López son límpidos y aparentan sencillez. Predomina la maestría que vuelve notorios los sonidos del español. En ese fluir virtuoso, se asoma una de las posibles comprensiones de la orientación que asegura enfatizar el lenguaje y que puede conducir a entrampamientos como: “Hastío en el estío”. No es cuestión de cacofonías o aliteraciones: una posibilidad de experimentar con el lenguaje, o mejor, de vivir en el lenguaje —como diría Arreola—, es ir más allá de la repetición de sonidos: alcanzar un oído que oye más allá de sí, que se cautiva ante enunciados de cualquier tipo, que descubre giros en lenguajes despreciables, que sabe mofarse de sí mismo… De la misma manera, en el lenguaje poético hay espacio para la arquitectura intelectual, no sólo para el fluir, aunque éste le sea indispensable y aquella no sea suficiente.

La poeta dice: “Somos un poco de azúcar”. En otros poemas encontramos las frases del título de su poemario con variados referentes: una imagen visual, el vacío y la memoria y, más interesante todavía, algún proceso orgánico interno. Simultáneamente, éste puede ser un suceso metaforizado de los innumerables hechos que ocurren en cada uno de nosotros, sin nuestro pleno conocimiento. Al buscar lo inaprensible, López corrió el riesgo de llegar a la nada. La trayectoria no es infrecuente entre quienes buscando la poesía acaban confundiéndola con lo abstracto o, de manera enfáticamente convencional, con algo que sería inefable y podría residir sólo en las retóricas aceptadas de la época. Su origen, y demás misterios, son otra cosa: en la práctica la poesía se dice, la poesía es un decir, es decires múltiples que comparten la conjunción de extrañamiento y familiaridad tanto del lenguaje como de las experiencias. Ni visible, ni palpable es una biología de lo observado y lo tangible: “Un animal muerto está frío, aunque tenga pelaje”.

Los primeros volúmenes del relanzamiento de la colección El ala del tigre. Imagen Más Cultura.

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