Cinque Terre

Javier Solórzano

Ahora fue cerca de San Fernando

La nueva desaparición de personas, todo indica que en su mayoría hombres migrantes centroamericanos, ratifica que en la zona de San Fernando, Tamaulipas, las cosas han cambiado poco o nada.

El antecedente es brutal. Como recordará, en agosto de 2010, Los Zetas secuestraron y asesinaron a 72 migrantes originarios de Guatemala, El Salvador, Brasil y Honduras. Todo fue un horror. Se supo lo que había pasado debido a que uno de los migrantes, de nacionalidad hondureña, se hizo el muerto y huyó en cuanto pudo.

Es probable que haya caminado cerca de 75 kilómetros en medio del miedo, sin saber a dónde se dirigía, hasta que cuenta que llegó a un pequeño poblado, en donde pidió ayuda a los marinos. Las autoridades no creían lo que les contaba hasta que no les quedó de otra que ir al lugar de los hechos; lo que vieron a los propios marinos los sacudió; fue doloroso y dantesco.

El modus operandi no ha cambiado. Lo que quiere, o busca, la delincuencia organizada es que los migrantes se integren a las bandas o, en el mejor de los casos, los detienen, les sacan dinero y si bien les va, los cruzan hacia EU.

Como es de imaginarse, son situaciones en las que no hay manera de elegir absolutamente nada. Los migrantes no tienen opción alguna; y más estando ante delincuentes armados hasta los dientes, envalentonados y brutalmente agresivos. Se hace lo que ellos dicen y exigen o los matan, si no es que de pase lo que pase y digan lo que digan, de cualquier forma lo terminen haciendo.

Esto fue lo que pasó hace años en San Fernando. A los migrantes les ofrecieron 3 mil dólares, “si agarran personas y nos las traen”, no esperaron la respuesta de ninguno de ellos. Lo hicieran o no, todo indica que ya tenían escrita su sentencia de muerte.

Esta zona del país sigue estando bajo el control de narcotraficantes; ahora de la mano de las muchas ramificaciones que en estos años han construido. Pareciera que los gobiernos federal y estatal, no entendieron ni fueron sensibles ante lo que había pasado en 2010. Era para que en ese mismo momento, al menos peinaran a detalle la zona y tuvieran el control.

Las cosas sólo cambiaron por un tiempo. Los Zetas fueron acorralados y controlados en algunas zonas del estado; pero como se sabe, los cárteles se reagrupan rápidamente, ya sea con otros nombres u otros liderazgos, para volver de nuevo a la actividad. Se reinventan y se rehacen, porque siempre hay alguien esperando o buscando su turno.

Lo que estamos viendo son variantes de cárteles, por más pequeños que pudieran ser. Son quizá organizaciones más limitadas y más pequeñas, pero su actividad en esencia sigue siendo muy violenta y no deja de tener influencia, derivada de la complicidad que tienen con las autoridades.

La pesadilla de los migrantes no tiene límite. Por más que en algunos casos puedan organizar desde sus países de origen sus intentos por llegar a EU, incluso dando adelantos, entrando a México todo es una montaña rusa.

No hay manera de que tengan certezas de nada, porque lo que hacen, por más que tengan el derecho de migrar, cuando llegan a la frontera con EU van a  tener enfrente al presidente de EU, quien no los va a dejar pasar por ningún motivo.

El problema no pasa únicamente por esta gran dificultad, ni sólo por lo que en nuestro país haga y no haga el INM, el cual está pasando por una revisión profesional y seria, bajo el buen mando de Tonatiuh Guillén.

El problema más difícil de sortear para los migrantes está en cruzar nuestro país. No hay manera de que lo hagan sin padecer y vivir incidentes que los pueden llevar a la muerte.

En esto es en lo que andan los migrantes secuestrados estos días en la carretera Tampico-Reynosa.

RESQUICIOS.

En el reacomodo sindicatos de universidades están en plena movilización política. Se están eternizando los conflictos en la UAM y en la UACh. El viernes hay una gran marcha multitudinaria de 20 sindicatos, entre otras cosas, quieren ver al Presidente a como dé lugar.


Este artículo fue publicado en La Razón el 14 de marzo de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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