Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

Adversarios, enemigos y contradicciones

No hay día en el que no tengamos un nuevo episodio en esta historia de polarización que se instituyó en el país desde que la 4T es gobierno. No hay diálogo, ni aceptación de errores o reconocimiento de culpas, sólo una actitud que trata a los críticos como enemigos a los que hay que destruir, algo que López Obrador rechazó en el pasado.

Pesada contradicción

El 27 de octubre de 2016, en Twitter, Andrés Manuel López Obrador escribió: “Por órdenes de la mafia, los presidentes del PRI y PAN, me atacan en radio y TV. Cálmense. Somos adversarios a vencer, no enemigo a destruir”.

Que bien hubiera sido para el país que ahora siguiera su propio consejo.

Y es que en lo que va del sexenio, la actitud tanto del ahora presidente como de su grupo de seguidores es de tener enfrente a enemigos a los que hay que destruir.

Cada crítica que recibe, como las que han recibido los anteriores presidentes, es tomada como una afrenta que merece toda la fuerza para acabar con quienes piensen distinto.

Quien se atreve a criticar, de inmediato es atacado en medios afines y desde Palacio Nacional, se le califica como conservador y hasta se pide la cancelación de su cuenta en redes sociales o su salida de los medios en los cuales pública.

Tenemos a un líder político que alcanzó el poder y a su grupo de seguidores que niegan hasta la realidad. Temas como la inflación que tenemos en estos momentos en el país, las miles de muertes por la pandemia con sus testimonios de falta de atención médica y la sospecha de que hay más que las que mencionan las cifras oficiales, el desempleo o la inseguridad, sólo reciben como respuesta que se trata de mentiras porque las dice la derecha.

Noticieros Televisa

Los resultados electorales son visto de acuerdo a lo que el líder diga, pues si antes declaró que no ha habido en México comicios sin fraude –incluso los que lo colocaron como jefe de gobierno de la capital del país en el año 2000–, ahora esto es repetido, en especial en el distrito en el que ganó la esposa de su mayor enemigo electoral, a quien no perdona el resultado del 2006.

Los propagandistas del régimen, aseguran que matemáticamente hay fraude en la victoria de Margarita Zavala, sin más argumentos que un supuesto cálculo de la asistencia a las urnas, algo que les parece sospechoso, aunque sea similar a la de otros candidatos ganadores, incluso de su mismo partido.

Pero de eso se trata, de sembrar dudas y de cuestionar lo que hace el enemigo.

El sesgo ideológico hace que todo lo que sucede en el país sea visto no en función de las necesidades que tenemos, sino de lo que dicta el líder. Así, si el líder dice que los cubrebocas no son necesarios, se hará lo necesario para justificar sus deseos y así no cubrir su rostro y afectar su imagen.

La tragedia de la Línea 12 del Metro de la CDMX nos da otro ejemplo excelente de cómo se manejan este tipo de situaciones. Para empezar no se trata de una tragedia, sino de un incidente; la gente afectada por la caída de la vía por la que pasaban los convoyes del Metro, entiende que eso pasa y que hay muertos, lo cual les impide ejercer su voto de castigo; las publicaciones en la prensa que ubican el origen de la tragedia en la construcción de la línea, son vistas como muestra de “intereses no esclarecidos”, pero nunca se acepta una responsabilidad o se pide, como fue en el pasado con el caso del Paso Express, la renuncia de los funcionarios involucrados.

Al parecer la realidad no conjuga con ningún verbo que se maneja en la 4T.

No hay voto de castigo por un mal gobierno, sólo campañas de desprestigio o una clase media que se deja influenciar por los medios de comunicación que se dedican a criticar al gobierno federal.

No hay muertes por la Covid-19 que se hubieran podido evitar con un manejo más apegado a recomendaciones internacionales o a lo que dice la ciencia, sino una campaña en contra del responsable de atender la pandemia, a quien –luego de más de un cuarto de millón de fallecidos en cifras oficiales o más de medio millón como sospechan diversos especialistas– le llevan serenata y flores, como si su anuncio de que 60 mil muertos sería una cifra catastrófica nunca se hubiera dado.

Las remesas son vistas como un éxito de la presente administración, no como una muestra de que el gobierno no puede contribuir en la creación de fuentes de empleo, lo que provoca que millones de mexicanos tengan que emigrar a Estados Unidos para conseguir empleo y poder enviar dinero a sus familias en el país.

En el tema de la inseguridad, que sigan los asesinatos por motivos de rivalidades de grupos criminales ahora no es culpa del presidente, como sucedía con Felipe Calderón, pues ahora hay “abrazos, no balazos”, y ya no importa que sigan las muertes, el cobro de piso, las extorsiones, incluso la violencia de género es algo que se manipula para afectar al presidente, quien no entiende eso de “romper el pacto”, pues para él el único pacto que vale es que tiene con quienes le ayudaron a ganar la presidencia.

Si al presidente le molestan que lo critiquen y para su coro de propagandistas se trata de mentiras de la derecha, tienen una opción fácil de hacer: que gobiernen para todos y dejen la propaganda de lado. Los resultados son la mejor forma de callar bocas, no las campañas que montan en contra de sus “enemigos”.

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