Alberto Gonze

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Acoso al acosador

Dedicado a Marta Lamas, porque comparto su visión de que el feminismo no debe ser un asunto exclusivo de mujeres.

Aunque no me considero un gay-feminista, porque estoy más a favor de que se terminen la discriminación y el prejuicio en general, que en convertirme en un “ista” de una causa; apoyo y aplaudo que las mujeres levanten la voz y denuncien a los acosadores. Pero la polarización que ha generado el tema, con dos grupos opositores entre ellos (#MeToo versus las francesas) me llevaron a quebrarme la cabeza para tratar de entender por qué nadie se pone de acuerdo acerca de un asunto que, en teoría, no necesitaría de mucha reflexión para definir una postura. Decidí ahondar más en el tema y realice una chiqui-encuesta entre mis amigas mujeres del sexo femenino, que me contaran  de qué lado estaban. Hubo de todo: algunas a favor y otras en contra. Me sentí como si hubiera descubierto el agua tibia, pero luego recordé un par de sucesos que generaron una serie de reacciones opuestas entre sí, por lo que entendí que la unanimidad es tan difícil de conseguir, como difícil es conseguir un buen sartén.

Ricky Martin anuncia que se casó y sale en la portada de las revistas de espectáculos, junto con su marido y sus hijos. Esto provoca que un activista mexicano lo ataque, le diga que no se siente representado como gay por Martin, que aunque está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, Ricky no es la imagen que él desearía fuera el símbolo de ese logro. Para empezar, Ricky no se ha erigido como representante de nadie; es una figura pública, por lo tanto, todo lo que haga, hasta cuando va al súper, será “noticia” para los medios que se encargan de cubrir noticias así; la familia de Ricky, sus dos hijos rubios, fueron la elección personal del boricua; si él quiere tener hijos así, está en todo su derecho. Como es natural, hubo gente a favor del columnista y otros, como yo, que no entendemos cómo es que un logro de visibilidad y aceptación, aunque se trate de un “famoso”, no deba hacernos sentir que estamos avanzando.

Los ataques dicen más de uno mismo que del objetivo al que queremos dañar. La crítica de las francesas al movimiento estadounidense #MeToo, no puede quedarse en el enojo e indignación, debe profundizarse para tener una mejor comprensión, por ejemplo que en ese país, el sexo y la religión, se entienden de otra manera. No todas las musulmanas se sienten víctimas por cubrir su pelo o su cara, pues esta regla es ancestral y respetada por su grupo social, aunque en Occidente nos parezca una vejación aberrante.

Otro suceso: un joven detiene a un hombre y lo graba para exhibirlo, pues sin su permiso, le tocó los genitales mientras viajaban en el Metro de la Ciudad de México. ¿Reacciones? Algunas, como la mía, a favor del joven agredido. El “ligue”, con o sin contacto sexual, es una práctica común en “el último vagón del Metro”, incluso hay algunos gays que exigen su derecho a este espacio. Yo no estoy a favor de que el transporte público sea un lugar de encuentro sexual, pero no sólo de gays, de nadie, porque para eso existen otros lugares diseñados para ese fin; además, para mí, esa costumbre tiene una carga de autoboicot implícito, la de quedarnos ocultos para no ofender, en el último vagón, en el último vagón de la escala social. Hasta lo clandestino debe estar bien hecho, según yo. Volviendo al tema del acosador y el acosado, también hubo reacciones de molestia e indignación pero en contra del joven que se defendió; hubo quienes incluso señalaron que, muy probablemente, habría sido el joven quien incitó el toqueteo pero después se arrepintió. ¿Les suena familiar? Sí, lo mismo que dicen de las mujeres, que si alguien les faltó al respeto fue porque ellas se lo buscaron, porque iban vestidas demasiado provocativas o porque salieron muy tarde.

Cuando la nota salió en algunos medios, al joven acosado lo llamaron “víctima de acoso”. No me parece indicado llamarlo así, pues como hombre, él sí pudo defenderse, sabiendo que luchaba contra uno igual a él. Las mujeres no siempre pueden defenderse físicamente porque llevan las de perder. Esto me lleva a preguntarme si esos hombres que están molestos porque las mujeres están levantando la voz en contra del acoso, que incluso hacen debates en programas de televisión y nombran a su tema “Cuando te dicen que no, ¿es no? o un ¿Puede ser?”, serían tan reflexivos si otro hombre los acosara, y si antes de enojarse se cuestionarían a sí mismos ¿no estaré mandando un mensaje que le haga pensar al otro que le estoy coqueteando? ¡No que no tronabas, pistolita!

Es tiempo de que nuestra sociedad deje de avanzar, sostenida en tanta falsedad e hipocresía. No puede ser aceptado que mientras redes sociales como Instagram, permite que los hombres enseñen las nalgas, el torso y el pubis, las mujeres no puedan mostrar un seno o un pezón, porque resultan ofensivos para las buenas conciencias. Idolatramos a las mujeres, cantantes, actrices, modelos, pero hasta cierto punto. Si son sexuales, deben serlo con la intención de proporcionar placer al hombre, no a ellas mismas; si llegan a cierta edad, deben hacer todo para conservar la juventud, pero si lo hacen, también las criticamos por su desesperación por verse jóvenes; si se casan, si se divorcian, si engordan, si adelgazan demasiado, nunca estamos conformes con lo que hace la mujer, mientras que los hombres pueden hacer todo, sin problemas. El escarnio no aplica igual para ellos, para nosotros.

No hagamos corajes que esos malditos provocan arrugas, mejor tratemos de analizar caso por caso, sin justificaciones, sin cuestionamientos, sin prejuicios. ¿Habrá mujeres que denuncien falsamente? Por supuesto, la maldad no es inherente o ajena a un género, pero eso no debe ser pretexto para negarle el derecho a ninguna de quejarse, de defenderse, ni para que el tema pierda relevancia o urgencia. ¿Radicales? Siempre los habrá y en todos lados. ¿Deben las mujeres ser santas o unas putas? Deben ser lo que ellas quieran, debemos ser nosotros, todos, quienes debemos arrojar a un lado tanta telaraña heredada de un mundo que debe quedar atrás; basta de consejos contradictorios a las mujeres para que sean coquetas pero no golfas, con frases como “date a desear pero no tanto”. ¡Carajo!

¿Hay hombres que viven violencia por parte de una mujer, no necesariamente su pareja? Por supuesto, pero que eso tampoco sirva como una prueba para que la violencia de los hombres se justifique, ni para que se crea que con esto, se paga una cuota de género. Hagamos a un lado la tentación de justificarnos con la victimización desesperada y demos paso a la acción reflexiva. ¡Qué bonito me quedó!

La unificación del pensamiento es un adoctrinamiento, pero suponer que los demás van a pensar como nosotros, es una fantasía, pero esto, claro, es una idea que no necesariamente debe ser compartida. Nadie tiene la verdad absoluta. Ni siquiera yo.

Y por cierto, no soy fan de Ricky Martin.

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