Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

ABBA, un grupo de música fácil que trascendió en la historia

Así como hay comida de consumo rápido, digamos hamburguesas o pizzas, también existe la música de consumo fácil, digamos la elaborada por ABBA desde julio de 1972 a diciembre de 1982, cuando el cuarteto se disolvió.

No me refiero a un asunto menor, y no hablo de pizzas, hamburguesas o hot dogs que tienen su encanto, aludo a uno de los grupos de pop más famosos en la historia y el primero exitoso fuera de Europa, dado que su origen ocurrió en Estocolmo, Suecia.

ABBA (acrónimo del nombre de sus integrantes Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid) es uno de los fenómeno mundiales más destacados de la música de los 70; en el tema comercial puede decirse que superior a Chicago y los Carpenters y en el aspecto músical tan de consumo fácil como las producciones de éstas bandas aunque más pegajosa por sus efectos de sonido (el “wall of sound” que semeja orquestas y varias guitarras simúltaneamente) y su letra que, por cierto, la componía casi siempre Björn después de tener el demo musical de Benny.

Las voces de Agnetha y Frida, además de su belleza y su vestuario estrambótico es también un componente clave en ABBA –Agnetha fue considerada por sus fanáticos como “el mejor culito del pop” (coincido) y Frida como una formidable diseñadora de ropa (disiento)– porque así ellas fueron referentes en la escala aspiracional sobre todo de la juventud despreocupada e indiferente a los problemas sociales de aquel entonces, mientras que amplias capas de jóvenes hallaron en Led Zeppelin y los Doors un sentido de búsqueda existencial más amplio y, musicalmente sin duda, mucho más ambicioso que, pongamos, “Mamma mía, Chiquitita o Fernando”.

Desde luego no hay el mismo nivel en “Money, money, money” que en “Whole Lotta Love” de Zeppelin o alguna de Queen de principios de los 70s, aunque ésta rola de ABBA sí pueda compararse a varias de las que, en su ocaso, hizo Queen y que me perdonen sus fanáticos (ahí están “Otro más que muerde el polvo” y “Amorcito loco”). Aunque, parafraseando a lo que, en los 80, cantara Cyndi Lauper, los chicos sólo quieren divertise y, por ello varias de las canciones de ABBA invadieron las discotecas, ahí se encuenta, en particular “Voulez-Vous” y, en 1979, el encanto de Agnetha y Frid (los trajes entallados de satín morado y rosa que usaron en una de sus presentaciones causaron un gran furor, por cierto) o antes, claro está, en 1974, con Waterloo.

La producción de ABBA es lo más cercano a la música fresa con recursos de contagio fácil pero seductora, como una pizza acompañada de Coca-Cola y por ello fueron famosos y muy ricos sus integrantes, tanto que ellos mismos intentaron explorar algo más elaborado a fines de los 80 pero no pudieron y, además, lo que hicieron, no tuvo impacto comercial como los estribillos sencillos que los colocaron en la cima; tuvieron más relevancia sus críticas a la Unión Soviética a finales de los 70 que su oferta de aquel entonces, trastocada, de acuerdo con sus críticos, por la separación de los matrimonios que formaron entre ellos y, agrego, por el relevo que significaron Madonna y Michael Jackson, en particular, en el mercado de EUA, donde ABBA no tuvo el mismo éxito que en otros países.

ABBA tiene millones de admiradores de edades distintas en todo el mundo, sus ventas se estiman entre 380 y 400 millones de dólares. En Suecia es un icono y no extraña que, en Estocolmo, en la isla de Djurgården, haya un museo destinado específicamente a la historia del grupo, tenga un mostrador inagotable de chucherías y sea uno de los más visitados del país.

Siempre me intrigó el rostro triste de Agnetha –conozco las historias, leyendas o ciertas, que lo explican, pero eso es harina de otra partitura– también hubiera gustado escuchar en otras composiciones a Frida, sus discos en solitario dan una muestra de una voz portentosa, y los otros dos, siempre me parecieron creativos de producción sencilla, alegre y a veces incluso bobalicona pero atractivas, así, como una comida de consumo fácil y por ello, sujeto a esos parámetos entre la pizza y derivaciones musicales como ésta, llega a gustarme ABBA.

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