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Ariel Ruiz Mondragón

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Entre la libertad y la ultraderecha: notas sobre la prensa alemana actual

Este texto es resultado de la visita que entre el 6 y el 13 de octubre realizamos a Berlín y Hamburgo, Alemania, los ganadores del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2017: Valeria Durán, Raúl Olmos, Daniel Lizárraga y quien esto escribe. Agradezco al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania, a la Embajada en México de ese país y al Instituto Goethe la oportunidad de viajar y conversar con los destacados colegas que son los protagonistas de las páginas que siguen.

Debido a su historia, Alemania ha construido solidas instituciones y creado leyes que permiten garantizar amplias libertades de prensa y de expresión, lo que se ha visto fortalecido por un robusto sistema público de medios.

Sin embargo, y pese a ese sólido entramado que garantiza el ejercicio periodístico, hoy se cierne sobre él una amenaza: el avance político de la ultraderecha, representada en los últimos años en ese país por Alternativa para Alemania (AfD), un partido que levanta las banderas nacionalista y antiinmigrante de forma cada vez más radical.

Al respecto nos explicó Bernd Pickert, miembro de la Junta Directiva del diario de izquierda Die Tageszeitung (conocido como Taz) y redactor especializado en América Latina, acerca de los nuevos movimientos de ultraderecha: “Uno de sus eslóganes es ‘prensa de mentira’; dice que todos somos medios del sistema, que cualquier noticia que no sea que los refugiados son lo más malo que le puede pasar a Alemania es falsa y que escondemos los problemas reales. Si no escribimos lo que a ellos les gusta, nos dicen prensa de mentiras”.

Pero esos movimientos también ya han pasado a la acción: “Cuando un reportero va a acompañar sus manifestaciones, muchas veces son atacados y a veces no reciben buena protección de la policía. Son problemas reales que el gremios denuncia”.

Pero los amagos no se quedan allí porque también se expresan en internet, donde los reporteros deben padecer hostigamiento, que no sólo se manifiesta con troles, sino que llegan a recibir amenazas de grupos neonazis, y su nombre y su foto son colocados en listas de foros de la ultraderecha.

Pickert reconoció que si bien en los últimos años en Alemania no ha habido ningún periodista asesinado por ejercer su profesión, “esas amenazas generan incomodidad” y pueden tener impacto en la labor del periodista.

Pese a ello, aseguró que “la protección de los derechos de los periodistas a través de la ley y de las instituciones funciona bien”.

Sobre lo anterior, Juliane Matthey, encargada de prensa de la sección alemana de Reporteros Sin Fronteras (RSF), recordó un caso en una ciudad de oriente del país cuando un alemán fue asesinado por solicitantes de asilo de Siria e Irak, lo que motivó grandes manifestaciones de la extrema derecha. Llegaron periodistas a hacer la cobertura y fueron atacados: resultaron lastimados y su equipo fue destruido.

Posteriormente, según rememoró, hubo protestas en la ciudad de Kemnitz, en las que hubo un ambiente muy adverso a los medios de comunicación, el cual se preparó, sobre todo, en las redes sociales.

Esa extrema derecha no tiene un gran medio que le sirva de altavoz. Como dijo Matthey, “en Alemania la mayoría de los periodistas y los grandes medios de prensa son más bien de izquierda liberal. Hay también una prensa tradicional que es más conservadora, pero en Alemania desde hace décadas no ha habido una prensa de ultraderecha. Si la hay, son pequeños productos que no tienen un efecto muy amplio”.

Lo cierto es que existe AfD, partido que Matthey llamó “populismo de derecha” y que ha llegado a obtener en algunas elecciones regionales hasta el 20% de los votos y que ya ha accedido al parlamento nacional con 15%. “Ellos dicen que los medios de comunicación lo que hacen es sólo difundir la opinión del gobierno, y argumentan, al estilo de Donald Trump, que lo que propagan son noticias falsas, por lo que es una prensa mentirosa”.

Pero aun así se le debe dar voz, por ejemplo, en los medios públicos porque estos deben mantener un equilibrio e incluir las expresiones de los diversos partidos políticos.

Al respecto, Nina Siegers, planificadora de la radio pública Rundfunk Berlin Brandenburg, comentó que “por primera vez en la historia de la radio y la televisión pública tenemos muchísimos problemas en Alemania porque recibimos ataques muy fuertes de la extrema derecha, de AfD, que está luchando contra nosotros. Eso es peligroso”.

Explicó que el populismo de derecha ha estado avanzando en Europa, pero esto tiene un cariz más delicado que en otros países “por nuestra historia”.

Pero aun así se considera protegida por la Constitución alemana, que contiene principios que no se pueden cambiar, como la separación de poderes y la libertad de expresión. Si un partido se pone en contra de ellos puede llegar a ser prohibido. Por ello es que AfD se cuida mucho al ponerse en contra de ciertos asuntos.

Así, comentó Siegers, “el problema está en que ese partido no está prohibido, y lo que nosotros tenemos que hacer es equilibrar; ellos también nos controlan y deben de participar porque tiene representación. Algunos de nosotros somos de centro y otros de izquierda, pero no podemos decirles ‘con ustedes no hablamos por sus opiniones contra los migrantes’”.

Sin embargo, pese a estar en desacuerdo con esos puntos de vista deben tomarlos en cuenta “porque tenemos que representar todas las opiniones que hay en el proceso democrático que estén dentro de la Constitución. Estamos obligados. Es un problema muy fuerte en las redacciones: ¿cómo lo hacemos? Pero siempre hemos hablado con ellos de migración porque de otros temas no tienen opinión porque no tienen programa”.

Incluso la ayuda a esa posición de ultraderecha puede venir de otros medios, incluso internacionales: por ejemplo, hace tres años Russia Today hizo viral el caso de la violación de una adolescente en Berlín, cometido por unos extranjeros. Eso ocurrió cuando muchos refugiados llegaron a Alemania y hubo muchos ataques contra esa política. Nadie pudo confirmar el caso y al final resultó ser una mentira.

También el redactor y reportero de investigación Philipp Eckstein, de la radio pública Norddeutscher Rundfunk, hizo un paralelo entre la política de AfD y la de Donald Trump respecto a los medios: “Atacan sobre todo la credibilidad. No les gustan los reportajes que hacemos sobre ellos y su colaboración con neonazis, y que tampoco tienen muchas ideas políticas porque en el fondo son populistas, no tienen una idea de política económica o de política social. Cada vez que hacemos ese tipo de reportajes, ellos se quejan mucho. Dicen que el sector público en Alemania es demasiado grande y a ellos les gustaría acabar con él”.

Pese a que AfD aún es un partido minoritario, Eckstein advierte que “es un peligro que hay que tener presente porque ellos no están contentos y han crecido en popularidad en los últimos dos o tres años. Dicen que los medios son mentirosos, y la gente ya no sabe qué creer. Yo creo que ese discurso es muy peligroso”.

Según Ulrike Fröhling, encargada de medios de comunicación de Transparencia Internacional Alemania, uno de los cambios dramáticos para los medios es el político con el surgimiento y crecimiento del partido de ultraderecha que ha ido en ascenso, cuyo lema es que los medios de comunicación son mentirosos, lo cual contribuye a que la confianza en ellos disminuya. Eso debe ser combatido con calidad periodística, opinó.

Modelo de negocios y calidad

Taz es un medio que surgió a finales de los años setenta, fundado por activistas de los movimientos sociales de izquierda, entre los que había ambientalistas, feministas y pacifistas independientes de cualquier partido. Pickert explicó que “fue una iniciativa de miles de personas. Desde hace poco más de 25 años somos una cooperativa formada por los lectores y ahora tenemos más de 18 mil socios”.

Se trata de un diario atípico porque sus ingresos provenían en 85% de la venta del diario y 15% de la publicidad, al contrario de los grandes medios. Aunque, aclaró, “eso no era un modelo que nosotros buscamos, pero fue como nacimos, con el lema ‘Un diario radical de la izquierda todos los días’. ¿Qué empresa iba a invertir en eso? Aún somos de izquierda, un poco por la línea de la alternativa no ortodoxa, más que todo izquierda liberal”.

Por los cambios tecnológicos, hace una década empezó la crisis de la publicidad en la prensa en papel; sin embargo, para Taz no se cambió nada “porque la poca publicidad que tuvimos antes la tenemos todavía. No tuvimos que cambiar de modelo”.

Pero señaló otro problema importante: los jóvenes ya no compran diarios. “Todo mundo lee mucho, pero en Internet, y lo hace en su celular. Pese a que nosotros fuimos, en 1995, el primer diario de Alemania que publicaba todos sus textos en Internet, hoy no estamos entre los líderes de este mercado”.

Dijo que la publicidad en Internet funciona, pero es difícil ganar lo suficiente para mantener buenos estándares periodísticos. Así, los medios tradicionales están discutiendo si cobran por el acceso en Internet. Sobre su propuesta, expresó: “Nosotros trabajamos con un modelo de pago voluntario: se puede acceder a todos los contenidos gratuitamente, pero aparece un pop up que dice que el buen periodismo no es gratuito y que, por favor, hay que unirse a la familia de Taz y pagar lo que al lector le parezca justo para apoyar. Eso da algunos ingresos, y todos los meses hay más gente que contribuye. Pero esto está lejos de financiar todos los costos”.

Por lo anterior, la cooperativa está buscando otros modelos de negocio; según comentó Pickert, aunque ahora su diario se encuentra en una situación económica estable (incluso están construyendo otro edificio), el futuro luce más bien inseguro.

Matthey señaló que en Alemania cada vez hay menos periódicos pequeños, un fenómeno que se ha dado desde hace unos 20 años: “Antes, en las pequeñas y medianas ciudades había varios diarios, y hoy sólo queda uno”. Esto se debe a que varias casas editoriales desaparecieron o fueron compradas por otras más grandes.

En cuanto a las empresas privadas de televisión y de radio, Matthey expresó que se encuentran en manos de dos grandes consorcios, que también quisieron hacerse de la propiedad de varios diarios, pero las autoridades antimonopolio intervinieron y lo impidieron gracias a que las leyes alemanas al respecto protegen al público contra una concentración demasiado grande.

Pero algo que también beneficia a su periodismo es la existencia de un sistema público de emisoras independientes.

Para Fröhling, uno de los más importantes cambios en los medios de comunicación alemanes ha sido la reducción drástica, tanto de ejemplares impresos como de sus lectores. En esto ha tenido un papel fundamental la aparición de Internet: “Mis nietas, que son de 20 años, ya no leen periódicos impresos; leen las noticias, pero lo hacen en Internet”.

Pero el fenómeno tiene otros aspectos, dijo ella: “En Alemania llegamos a tener mil 200 periódicos, pero ya estamos muy abajo de los mil. Por razones económicas y comerciales, ya no pueden existir más. Esto ocurrió en una década. Pienso que en 30 años en el país habrá muy pocos periódicos, e incluso los regionales dejarán de existir.

“La razón es la fusión de muchos periódicos, la concentración de las redacciones porque los ingresos de los periódicos también se redujeron. Cuando se reduce el número de ejemplares impresos, los ingresos y la publicidad bajan. Esto ha sido del 40% en los últimos años”.

La situación anterior ha llevado a que los medios busquen ahorrar dinero, y lo han hecho por la parte del periodismo. Así, “periodistas que hacían trabajos de investigación de gran calidad fueron despedidos. Ahora se trabaja más con periodistas que lo hacen por su cuenta y que ganan muy poco, lo cual es un desafío para la calidad del periodismo. Y estas presiones económicas pueden ser una fuente de corrupción”.

Pero Alemania, tras su experiencia con la dictadura nazi (cuando los medios de comunicación fueron absolutamente controlados por el Estado y lo que difundían era propaganda), tiene un sistema de medios públicos poderoso. En la posguerra la BBC sirvió como modelo para varias regiones. Como explicó Siegers: “la idea era crear unos medios independientes del gobierno, pero con base pública, no privada”.

Así, la radio pública es muy fuerte en las regiones. Comentó Siegers: “No somos del gobierno, sino del servicio público. Lo que tenemos que hacer es fortalecer la información para que los radioescuchas puedan formarse su propia opinión para que funcione la democracia. La televisión y la radio públicas tienen que dar servicios básicos como información, educación, cultura y entretenimiento. Deben tener programas variados para que nos puedan recibir en todo el país, para lo cual se tienen las posibilidades tecnológicas”.

Para el sostenimiento de la radio pública cada casa tiene que pagar una cuota mensual de 17.5 euros que llegan directamente a aquella, sin intermediación del gobierno. Pero los que pagan, controlan también. Así,  cada radiodifusora tiene un consejo que integran los partidos políticos y representantes de la sociedad (Iglesia, industria, etcétera).

Eckstein comentó que las radiodifusoras públicas hacen sus programas regionales, pero también los intercambian y hacen algunos nacionales. Su relevancia en el ámbito mediático es innegable: “Es un sector público que en Alemania aún es muy grande y fuerte: en la radio llegamos casi al 90% de la población, que nos escucha por lo menos una vez a la semana por tres horas y media. En la televisión también estamos muy fuertes.

“En muy pocas de nuestras cadenas tenemos publicidad, lo cual nos da mucha libertad. La gran mayoría de los recursos provienen de esa cuota que la población nos paga. Por ello tenemos un nivel de independencia que es un lujo. Podemos trabajar con mucha libertad, con una calidad muy alta”.

Pero sí hay algo de control sobre las radiodifusoras públicas, que es a través de los consejos que se mencionaron arriba. Así, el jefe de cada una de ellas debe presentar un programa anual ante ese organismo, que debe decidir sobre su aprobación.

Además, dijo Siegers, si a alguien no le gusta lo que se difundió puede presentar una queja, que puede llegar hasta el consejo, que discutirá sobre ella. Y quienes realizaron el programa que motivó la inconformidad deben defender su posición. Además, el consejo controla y vigila el uso del dinero.

Hizo una aclaración importante: toda inconformidad se tramita a través del consejo, que es donde se discute. Continuó: “No es que la jefa del gobierno o el jefe de Berlín tome el teléfono y llame a la directora de aquí. Eso no se hace. Si lo hicieran les puede costar el puesto porque es como corrupción”.

Esto se debe a que la libertad de expresión es muy apreciada en Alemania. Pickert recordó que “está garantizada en la Constitución, y es un valor que se defiende mucho. Se puede criticar a cualquier político, e incluso decir que es un imbécil; lo que no se puede hacer es decir mentiras. Si escribo que hay testigos que han visto a un ministro con unas putas, y no tengo ninguna evidencia e incluso no es cierto, me puede demandar y llevar a juicio. Esto me parece justo, porque al final eso no es periodismo, sino calumnia. Tenemos un estándar muy alto: un periodista de cualquier tendencia está protegido en su opinión”.

De Taz destacó su independencia y pluralidad: “Como nosotros no tenemos ningún dueño que nos diga ‘eso lo pueden escribir y esto no’, no tenemos una línea. Muchas veces dentro de la redacción tenemos nuestras diferencias sobre algún tema, y las publicamos, lo cual le gusta a los lectores. Dentro de la izquierda puede haber amplia diversidad de opiniones. Somos un medio de debate para dar ideas. Eso es lo que nos hace interesantes”.

Por el contrario, señaló que “hay periódicos que buscan proteger su modelo económico y no quieren hacer enojar a algún cliente, una empresa que para ellos sea importante. Esos son límites que no se basan en la libertad de prensa ni en juicios, sino en lo que les puede hacer daño”.
Pero en la radio también han padecido otro tipo de acoso: Eckstein comentó que hay personajes que cuentan con abogados a quienes les pagan para que les escriban cartas con quejas y hasta con amenazas si alguna nota incurrió en una falla.

Añadió: “Es un tipo de cartas que tienen mucho poder en un periódico privado pequeño porque podría perder todo. Pero nosotros tenemos nuestros propios abogados, que también van a la confrontación. Obviamente no podemos cometer fallas, pero como periodista me siento bastante seguro de que si enfrentó un juicio por un reportaje ellos me van a defender. Incluso antes de publicar un reportaje lo leen los abogados”.

Así, agregó, “la censura no llega al departamento donde estoy. Cuando hago mis historias hay una discusión en el equipo. Definimos que haya un interés público, que es lo importante y que es lo que lo justifica”.

Corrupción, ética y transparencia

También puede haber relaciones anómalas entre medios y empresas. Al respecto, el capítulo alemán de Transparencia Internacional hizo un interesante estudio con la Universidad de Hamburgo sobre la corrupción en este ámbito.

Fröhling comentó que este tema es nuevo en Alemania y no se había estudiado en la academia, pero “nos hemos dado cuenta de que, por el desarrollo comercial y económico, los periodistas corren el peligro de ser afectados por la corrupción”. Por ello emprendieron el estudio de la percepción de este fenómeno entre los periodistas.

El estudio consistió en el análisis de entrevistas realizadas a unos mil periodistas de Alemania. Uno de los más relevantes resultados de sus respuestas es que 86% de los profesionales de la información consideran que hay irregularidades relacionadas con la corrupción en el gremio.

Los periodistas se refirieron a pagos por escribir notas, la amistad que se establece entre un reportero y un político por el que éste aporta detalles de información que es de su interés divulgar, y que el responsable de publicidad ordene la publicación de alguna nota positiva sobre alguna empresa que se anuncia en el medio, entre otras anomalías.

Otra pregunta del estudio es sobre en cuáles medios hay más peligro de corrupción, a lo que los entrevistados respondieron lo siguiente: el primer lugar, las radiodifusoras y televisoras privadas; después las revistas, los blogs y los diarios, mientras que las menos propensas son las estaciones de la radiodifusión pública.

Sobre las secciones que más generan corrupción, los periodistas mencionaron las dedicadas a productos de belleza, automóviles y viajes. A muchos de los reporteros se les ofrecen, por ejemplo, travesías a otros países o se les presta un coche nuevo.

Finalmente, otro aspecto muy interesante de la investigación es que a la pregunta de si ellos se habían dejado corromper, un 70% dijo que no.

Transparencia Internacional de Alemania ha intentado que esos datos sirvan para tomar medidas de prevención. Por ello han buscado entrar en contacto con las empresas de comunicación para darles a conocer el estudio y saber si quieren introducir un código de ética.

Al respecto señaló que “alguna editorial ya lo tiene porque cotiza en la bolsa. Todos sus periodistas deben firmar ese código de conducta porque es parte de su contrato de trabajo”.

Sin embargo, “son pocos los medios que tienen código de ética y que lo publican en sus páginas web, aunque aumenta su renombre. En Alemania hay una institución que vigila la limpieza de las empresas de comunicación, que es el Consejo de Prensa, pero que tiene un inconveniente: no investiga por cuenta propia, sino que sólo entra en actividad cuando se presenta una denuncia. Debaten mucho sobre errores periodísticos, pero sólo si alguien presenta querella”.

Sobre el Consejo de Prensa Matthey, señaló otra insuficiencia: no tiene mecanismos de sanción. Pero también Alemania cuenta con los juzgados, en los que “toda persona tiene el derecho de exigir que la prensa corrija errores cuando lo que se ha publicado no está bien y a pedir que se publique su postura sin ningún comentario”.

Pero incluso así hay una prensa sensacionalista, como Bild, aunque, dijo la representante de RSF, “hay que decir que no es tan agresiva como en Gran Bretaña, donde ya es casi infame con violaciones a la privacidad. Ésta, en Alemania, está muy bien protegida”.

Acerca del derecho a la información y la transparencia, Matthey dijo que “a veces las autoridades no se toman las leyes tan en serio como lo deberían hacer, por lo que en ocasiones los periodistas tienen dificultades para obtener la información, pese que tienen derecho de acceso a documentos y archivos”.

Según Eckstein, como Alemania es un Estado federal “la transparencia es un poco distinta en los estados y en el ámbito nacional. De vez en cuando tenemos que hacer juicios para llegar a algún tipo de información, pero lo que funciona muy bien es que nosotros como periodistas podemos enviar preguntas a todos los ministerios, a la policía, y ellos tienen la obligación de contestar”.

Empero, “a veces hay inconformidades porque a la policía le preguntas tres veces sobre un asunto y en cada una te cuenta una historia un poco diferente. Pero lo que nos ayuda es que somos muy conocidos, y así cuando empezamos a preguntar nos dan algún tipo de respuesta.

“También es cierto que nosotros tenemos mucha relación con quienes están en los parlamentos, y los parlamentarios aún tienen más poder de requerir respuestas a sus preguntas, lo que puede entrar en los periódicos. Pero como periodistas recibimos bastante información del Estado”.

Violencias de aquí y de allá

Entre las preocupaciones externas que ocupan la agenda mediática destacan, por ejemplo, los problemas de Turquía, Siria y, en general, Medio Oriente. México y América Latina atraen poco la atención de los medios alemanes.

Taz, dijo Pickert, prepara una serie de artículos y notas acerca de la toma del poder de Andrés Manuel López Obrador. Indicó que también abordan la libertad de prensa, “que desde nuestro punto de vista tiene dos problemas: la concentración de medios en pocas manos y otra es la violencia contra periodistas. Creo que en ningún otro lugar del mundo, fuera de las zonas de guerra, han matado tantos como en México”.

También destacó la cobertura que le han dado al juicio contra la compañía alemana Heckler & Koch, que ha vendido de forma ilegal armas a fuerzas de seguridad en México (algunos han presumido que algunas de ellas fueron usadas en Iguala contra los estudiantes de Ayotzinapa en 2016).

Por su parte, Matthey comentó que en los últimos meses, RSF no le ha podido dedicar tanta atención a Latinoamérica. Sin embargo cita un par de trabajo en los que aparece México: su barómetro de libertad de prensa en el mundo, en el que México aparece en el lugar 147 de 180 países, y su Monitor de Propiedad de Medios, uno de cuyos resultados más importantes es que, por ejemplo, en nuestro país 11 familias controlan más de la mitad de los medios más importantes con las mayores audiencias, y que reciben la mitad del presupuesto de la publicidad oficial.

Por supuesto, una de sus preocupaciones es el número de periodistas asesinados y de agresiones en México, sobre lo cual la organización ha mantenido una posición de denuncia y de demanda a las autoridades para que sean aclarados los casos y castigados los responsables.

Por la parte de las radiodifusoras públicas, Siegers mencionó que sobre México se difunde muy poco, un poco más de Brasil y Venezuela, así como, “históricamente”, de Cuba. Pero actualmente cubren, mediante sus corresponsales en México y Los Ángeles, el conflicto de migración en la frontera con Estados Unidos. “Eso y cuando hay elecciones, así como el caso Heckler & Koch”.

A propósito de la situación de peligro que enfrentan los periodistas mexicanos, Matthey comentó que RSF cuenta con un fondo de emergencia para apoyar a periodistas que soliciten ayuda, el que se puede solicitar en Alemania y en París. “Puede ser que este fondo no sea tan conocido en América Latina, pero los compañeros en Europa Oriental y en África conocen muy bien este proyecto y saben cómo acceder a él”.

Para obtener la ayuda, “la solicitud puede ser presentada directamente por el periodista, por sus familiares o sus abogados. Se puede utilizar en caso de que un periodista es detenido, encarcelado o golpeado. Los fondos pueden ser utilizados para pagar el abogado, para comprar equipo que quedó destruido o para ayudar a los familiares. Si el periodista está en la cárcel y sus familiares no tienen dinero, pueden pedir ayuda para sobrevivir. Es un sistema que funciona bastante bien”.

En el gremio periodístico alemán han causado indignación y revuelo los asesinatos de tres colegas en el último año: de Daphne Caruana Galizia, ocurrido en Malta en octubre de 2017; de Jan Kuciak, en Eslovaquia en febrero, y de Viktoria Marinova, en Bulgaria en octubre de este año.

Al respecto, Matthey destacó que esos hechos “motivan gran preocupación porque es algo que durante años no se había visto en Europa”. Y resaltó el hecho de que eran periodistas de investigación y de que cuando menos dos de ellos desarrollaban investigaciones sobre corrupción.

Remató: “La impunidad es un tema muy importante para nosotros y la estamos denunciando”.

Al respecto, Pickert comentó que para Taz “es un deber publicar estas noticias. Esto tiene que serlo porque es parte de nuestra protección”. Para avanzar en ello también es importante la agrupación en la Asociación Alemana de Periodistas, que es la que otorga el carné de prensa: “Es la organización gremial y tiene fuerza. Destaca como mecanismo de protección del público: si al público le parece injusto que algo no se pueda publicar, entonces defiende al periodismo. Esto es algo muy importante y funciona”.

Para Eckstein, periodista de investigación, cuando se trabajan temas delicados “se siente la presión”. Por lo cual se deben tomar varias precauciones: “En cuanto a la seguridad, tenemos protocolos cuando guardamos nuestros datos por si alguien roba nuestro ordenador, usamos encriptación, en lo celulares utilizamos programas como Signal y programamos que dentro de una semana se borre todo por si pierdes el teléfono”.

Sin embargo, continuó, “nosotros tenemos poco miedo de que el Estado nos vigile. Es una posición de lujo; sé que en otros países el enemigo más poderoso es el Estado, pero aquí eso desataría un escándalo brutal. Eso nos da bastante seguridad el respecto. Además, en cuanto a amenazas en Alemania, por el momento (y espero que esto siga por muchos años) vivimos en una situación de lujo”.

Matthey también mencionó que RSF ha levantado una exigencia: “Que haya un encargado especial de las Naciones Unidas que se dedique justamente a la protección de los periodistas. Gracias a nuestro trabajo de cabildeo se han logrado avances. Así, el Parlamento ha decidido el año pasado que debe haber este encargado especial. También el presidente francés Emmanuel Macron, después de verse con nuestros compañeros en París, se ha pronunciado a favor de ello.

“Lo especial de este encargado es que estaría directamente asignado al secretario general de las Naciones Unidas, y sería también un trabajo de tiempo completo, lo cual sería una diferencia con otros cargos similares, como el de la protección de la libertad de expresión, que lo hace de manera honoraria”.

Hasta aquí algunos aspectos de la prensa alemana actual que comentamos con algunos de sus participantes. Vale la pena confrontarlos con la realidad mexicana, a sabiendas de las muchas y grandes diferencias que existen entre ambos países. La experiencia nos puede resultar muy útil

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