Cinque Terre

José Ramón López Rubí Calderón

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Politólogo, editor y consultor.

9 grandes errores políticos de Evo Morales

No solamente la idolatría, también la defensa desmatizada del ex presidente boliviano es insostenible:

1. Empecemos diciendo que Evo cometió el enorme error de enamorarse un tanto de sí mismo y otro tanto del poder. Para un observador sano eso es tan evidente como el hecho de que la economía boliviana no es un desastre bolivariano.

2. A esos enamoramientos siguen más errores: Morales adoptó una perspectiva de reeleccionismo presidencial, y un proyecto (político) de presidencialismo reeleccionista. Si bien con circunstancias y consecuencias que difieren, es el mismo error de fondo que han cometido tantos, como Benito Juárez (1871), Porfirio Díaz (1910) y, sí, Franklin Delano Roosevelt (1944).

Antes de continuar, un dato “curioso” que viene al caso, por el nuevo evismo mexicano: si no es que todos, la mayoría de los obradoristas no querían para México ninguna posibilidad de reelección legislativa en condiciones democráticas pero hoy, vergonzante o arrojadamente, defienden la reelección presidencial excesiva. De manipular a Madero, quien nunca habló de la reelección legislativa, a justificar a Evo, quien se excedió con la reelección presidencial –en un contexto como el latinoamericano…

FOTO: MOIÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM

3. Así, se equivocó al desear y buscar una tercera reelección y un cuarto periodo de gobierno.

4. Por lo mismo, otro gran error de Evo es haber modificado o haber hecho que se modificara la Constitución a favor de la reelección presidencialista, es decir, a favor de sí mismo.

Dice el descompuesto Gibrán Ramírez que nadie dice nada sobre el caso de Roosevelt… Yo dije algo en 2018 y también se publicó en Bolivia. Y hay que enfatizar otras cosas que se le escaparon como tantas al militante obradorista: Estados Unidos no tiene un problema histórico de presidentes caudillos que se “eternizaran” como en Latinoamérica (George Washington, su primer presidente, fue reelecto una sola vez, y buscó la reelección sólo en esa ocasión, a pesar de que nada le impedía seguir intentándolo pues no había límites escritos a la reelección presidencial); y a diferencia del caso de Bolivia y Evo, en Estados Unidos el periodo del presidente es cuatrienio, no sexenio ni quinquenio, y Roosevelt no cambió las reglas para beneficiarse a sí mismo, actuó a partir de vacíos o implicaciones de reglas que él no escribió ni reescribió. Creo que en este punto conviene ser lo más exhaustivo posible: en el sistema político estadounidense no había reglas escritas contra ningún tipo de reelección presidencial, pero se formó una regla no escrita con el ejemplo washingtoniano, una norma informal-cultural que Roosevelt rompió bajo situaciones político-económicas verdaderamente especiales, perdiendo justificación en ellas (tampoco la tenía en su salud) para su tercera reelección/cuarto gobierno, y el Congreso terminó escribiendo una Enmienda para limitar la reelección presidencial a un solo periodo, la Enmienda 22 vigente y obedecida desde hace décadas. Es casi exactamente lo contrario a la historia que rodea a Morales. Los gringos tienen muchos defectos políticos e institucionales pero no en su diseño sobre la reelección presidencial.

5. Es real el error evista de usar como “justificación” esa aberración del derecho humano a la reelección presidencial. ¿Que no es eso lo que se usó? ¿Que no es eso lo que formalizó el Tribunal Constitucional boliviano? Sí lo es. Palabras recientes del mismo Evo: “Por Constitución, los tratados internacionales que tienen que ver con los derechos humanos están por encima de la Constitución y el Tribunal Constitucional saliente interpretó”. Lo dijo en esta entrevista. Léala y lea el artículo vinculado más arriba. Lo que el ex presidente señala no es la garantía al derecho político a ser votado; no se olvide que Evo fue votado para presidente con anterioridad, tres veces; así que se trata del supuesto derecho presidencial a ser votado más veces o indefinidamente. Y ese “derecho” no es ni derecho humano ni derecho político intrínsecamente democrático, y en nuestra región no puede ser tal cosa (derecho democrático) realistamente. Es un pésimo artilugio formalista de Evo y los evistas.

6. Además, desobedeció el resultado del referéndum de 2016. Referéndum que, en cierto sentido, ni siquiera debió existir. Morales lo quiso, perdió, y desobedeció. Punto. Lo demás es palabrería tramposa.

7. Porfió y se presentó como candidato en la elección pasada. Si hizo o intentó hacer fraude no lo sé. Sí sé que no debió ser candidato a la presidencia por cuarta vez. Se puede saber desde perspectivas de democracia real e impersonal y desde el análisis político posterior: todo lo que ha seguido al proceso electoral pasado es también la historia de las consecuencias de ese error –con todos los errores previos en cadena.

8. No preparó su sucesión, dentro y fuera del evismo. En la línea pseudopolitológica gibranesca, decirlo es reproducir el caudillismo o algo parecido. Pero al no gradar, dicho seguidor de López Obrador sugirió o implicó –en el programa “La Hora de Opinar”- que la responsabilidad de esa (im)preparación es del líder y de la sociedad a partes iguales. Sin embargo, tiene más responsabilidad al respecto quien tiene más poder a la mano. Evo era el máximo líder, el que podía más, el que debía hacer más, e incluso más si no era un demócrata de temporada. Debió hacerlo y no lo hizo.

9. El último gran error: no haber defendido la democracia como sistema sin dependencia de nombres propios. Eso es, como institucionalidad (pro)democrática impersonal y general. Como dice la Profesora Judith Teichman en este artículo sobre el populismo, “el caso de Evo Morales es un buen ejemplo. Bajo su tutela y con una fuerte presión social desde abajo, la pobreza disminuyó dramáticamente. Lo mismo podría decirse de la presidencia de Rafael Correa en Ecuador. Pero en ambos casos, los líderes a veces jugaron de manera temeraria o floja con las instituciones de la democracia liberal. Y eso tiene sus peligros”. Entre esos peligros están la desafección sistémica de la oposición (volverse desafectos al sistema vigente), el hartazgo y la movilización de sectores sociales y/o el golpe de Estado. No estoy justificando, hay que explicar y los extremos evistas y antievistas casi no explican. Evo dañó su nombre y dañó a la democracia de Bolivia –no sólo él, pero sin duda también él.

Redondeando, después de 2015, Evo se arriesgó demasiado, calculó mal, se equivocó, y se equivocó antidemocráticamente. Su caída no se explica sin los militares pero tampoco sin la protesta social y estos nueve grandes errores.

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