Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

11 de septiembre, 20 años después: el legado

Han transcurrido 20 años desde que Estados Unidos vivió en su territorio ataques terroristas perpetrados con aviones civiles y que derivaron en la muerte de unas tres mil personas tanto en Nueva York, como en Washington D. C. y Pensilvania. A cuatro lustros de distancia y considerando que las generaciones actuales, en particular la llamada generación Z o de los centennials, esto es, los nacidos a partir de 1995 eran muy pequeños como para asimilar la complejidad y gravedad de los atentados descritos, es importante una reflexión que permita valorar la trascendencia de un evento sistémico que marcó un antes y un después y que cambió al mundo. Este ejercicio analítico también es importante para trabajar en la construcción de sociedades prósperas y seguras en momentos en que otro evento sistémico, la pandemia provocada por el SARSCoV2, agente causal del COVID-19, amenaza con convertirse en el tema central de la agenda internacional, en detrimento de la atención que merecen otros tantos flagelos en el siglo XXI.

Atentados del 11S en Nueva York.

En estos 20 años, donde pareciera que los sucesos del 11 de septiembre le pusieron nombres, apellidos y rostros a las amenazas a la seguridad internacional, se han producido dos grandes conflictos armados, uno en Afganistán y el otro en Irak -irónicamente, para salvaguardar la seguridad del mundo y erradicar la amenaza terrorista y la proliferación de armas de destrucción en masa. En este tiempo han progresado las violaciones a derechos humanos fundamentales, la polarización social, el racismo, la exclusión y el rechazo a la otredad. Se han incrementado las migraciones, las solicitudes de asilo y los desplazados internos por causas ya no sólo asociadas con la violencia, sino también por las acciones de la delincuencia organizada y también por fenómenos naturales y desastres antrópicos. La destrucción y tráfico ilícito del patrimonio cultural ha progresado a pasos agigantados. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han generado un enorme estímulo para que las personas no sólo se informen sino, desafortunadamente para que, por obra de las noticias falsas se desinformen. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus programas y organismos afiliados han padecido por la crisis del multilateralismo, perdiendo márgenes de maniobra para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Al ser el ciberespacio otro de los campos del poder nacional de relevancia creciente, se ha tornado en una base de operaciones para acciones ciberdelincuenciales, ciberbélicas y ciberterroristas. Las armas de destrucción en masa, en particular las químicas y biológicas –i. e. ántrax, sarín-, han hecho acto de presencia para causar mucho daño en conflictos diversos, en tanto las nucleares tienen en Corea del Norte pero también en las cinco potencias reconocidas en el Tratado de No-Proliferación, a sus principales promotores. La carrera armamentista también ha evolucionado en términos tecnológicos con el desarrollo de láseres y armas cinéticas, amén de armas y vehículos inteligentes para desarrollar tareas ofensivas y defensivas. La carrera espacial se ha renovado en este tiempo y no menos importante es que en el presente siglo se han producido dos pandemias y brotes de nuevas enfermedades o de enfermedades de larga data que vuelven por sus fueros. También el 11 de septiembre marcó el fin de la privacidad en el nombre de la seguridad, con las escuchas e intervenciones de correos electrónicos, mensajes, llamadas telefónicas, monitoreo de redes sociales, etcétera y que justo ahora con la pandemia fue ratificada para el seguimiento de casos sospechosos de SARSCoV2.

Esto 20 años sin duda también han traído aparejados hechos afortunados. Dos tratados multilaterales de desarme, uno para erradicar las municiones en racimo y el otro para prohibir las armas nucleares han visto la luz en 2008 y 2017, respectivamente. En 2006 se creó la Zona Libre de Armas Nucleares de Asia Central (Tratado de Semipalatinsk) y en 2013 el Tratado sobre el Comercio de Armas. Se han desarrollado esfuerzos loables también para combatir el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras en diversas regiones de África. En 2015 fueron proclamados los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) con la intención de reposicionar a la agenda de desarrollo en las prioridades internacionales. 2001 fue el año en que irrumpió la nanotecnología. En 2003 fue descifrada la secuencia completa del genoma humano. En 2012 se confirmó la existencia del Boson de Higgs o “partícula de Dios.”

El siglo XXI es también el de las redes sociales. En 2003 apareció LinkedIn, seguido en 2004 de Facebook. En 2005 vio la luz YouTube, en tanto en 2006 hizo su debut el pajarito azul de Twitter. A continuación en 2009 surgió WhatsApp; en 2010 Pinterest e Instagram y en 2016 Tik Tok. Estas redes han modificado sustancialmente la manera en que las personas se comunican, se entretienen, comparten y/o generan información, etcétera.

El 11 de septiembre de 2001 fue un hecho que marcó el declive irreversible de Estados Unidos como potencia mundial. Con tres administraciones republicanas (las dos de George W. Bush y la de Donald Trump) y tres demócratas (las dos de Obama y la actual de George Biden), las autoridades estadounidenses han debido maniobrar en un entorno internacional donde la pérdida de poder -duro y suave- debe contender con el ascenso y/o reposicionamiento de otros actores. Rusia es uno de ellos, quien, tras la llegada al poder de Vladímir Putin en el año 2000, ha recuperado preeminencia en las relaciones internacionales y se ha convertido en un actor importante en la gestión de los asuntos globales. Su vecino, la República Popular China, es otro de los países que, sobre todo en la esfera económica y tecnológica ha despuntado con tasas de crecimiento constantes, incluso en 2020, el año de la pandemia. En estos 20 años, Beijing logró convertirse en el primer o segundo socio comercial de la mayor parte de las naciones del mundo -Estados Unidos incluido. India, a pesar de sus profundas desigualdades sociales ha emergido en las pasadas dos décadas con tasas de crecimiento vigorosas y con enormes logros en dos ámbitos cruciales para la economía global: recursos humanos en el sector informático y también en el sector farmacéutico. Los que también parece que han perdido en estos 20 años son Japón y la Unión Europea, en especial en los terrenos político y económico. Con tasas de crecimiento mediocres y el declive en 2009 -cortesía de la terrible crisis de 2008-, amén de que, en el caso europeo se produjo también la fractura del BREXIT con el retiro de la Gran Bretaña del proceso de integración, todo parecería indicar que el mundo transita de la era de oro del noratlantismo a la era de Asia, impulsada por la RP China, India y claro, Rusia -dado que Putin ha venido privilegiando la atención estratégica a la parte asiática de su extenso territorio. Ante ello cabe preguntar ¿qué tan pacífica será esta transición hegemónica? ¿Qué tanto Estados Unidos, que ha mostrado una capacidad notable para reinventarse a sí mismo en crisis previas, podrá mantener los hilos de las relaciones internacionales o sobreponerse al menos a la resaca del 11 de septiembre, de la crisis de 2008 y ahora también la de la pandemia?

9/11 Memorial & Museum

Esto es lo que ha pasado en 20 años. El terrorismo asentó a la agenda de seguridad en detrimento de la de desarrollo. Hoy se podría argumentar que, aparentemente, la agenda de desarrollo -de la que la salud es un componente fundamental- se fortalece con motivo de la pandemia provocada por el SARSCoV2. Sin embargo, los recursos para el desarrollo y sobre todo para los ODS no parece que vayan a fluir en las cantidades deseadas ni en 2021 ni en los próximos tres o cuatro años. La salud podría recibir recursos importantes por un par de años, pero conforme a lo visto entre la pandemia del A H1N1 en 2009 y la del SARSCoV2 de 2019 a la fecha, en los períodos interpandémicos hay pérdida de interés y se olvida lo importante que es contar con mecanismos que favorezcan el acceso equitativo a servicios de salud y a los beneficios de la investigación médica. ¿Será que el SARSCoV2 acapara toda la atención de la comunidad internacional como en su momento pasó con el terrorismo, en detrimento de la atención a otros tantos flagelos que demandan acciones urgentes -por ejemplo el calentamiento global-? El balance por ahora es que tras 20 años de esos dramáticos sucesos que estremecieron a EEUU el mundo no es hoy ni más seguro ni más próspero.

 

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