“Sin voto no hay democracia”, libro oportuno en la polarización electoral

En el marco del actual proceso electoral, la publicación del libro Sin voto no hay democracia (Editorial é), de Manuel Loaiza Núñez, es oportuno y pertinente en medio de la polarización y del empobrecimiento de la deliberación pública, consideraron Claudia Zavala y Edmundo Jacobo, consejera y secretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE) en la presentación de la obra.

La consejera Claudia Zavala destacó que el libro de Loaiza Núñez es oportuno y pertinente en medio de la “tremenda polarización dentro de la cual no sólo se está disputando el poder político sino en la que hoy hay claros intereses de descalificar e, incluso (así se ha dicho) de ‘exterminar’ al árbitro electoral a tan sólo unas cuantas semanas de que se lleven a cabo las elecciones más complejas, las más difíciles de nuestra historia, con todo lo que eso pueda afectar a nuestra democracia, la que tenemos, que ha sido producto de nuestras decisiones, de todas y todos a lo largo de varios décadas”.

Destacó que el libro no es adoctrinamiento, sino que es una contribución a la pedagogía pública democrática porque ofrece una serie de elementos teórico-conceptuales para entender el alcance del poder de los electores.

En ese sentido señaló que el texto destaca la trascendencia del voto como instrumentos de participación ciudadana desde varias aristas, como su utilidad, su previsión en la Constitución, hasta los requisitos que deben cumplir candidatos y electores para que el voto sea efectivo. Pero trasciende la mera referencia al voto electoral para abrir el panorama y hacerle ver al lector que existen otras formas de participación política ciudadana, las que impactan sobre lo público.

Zavala también destacó los desacuerdo que tiene con el tratamiento que se le da a dos temas en el libro: la desaparición del financiamiento público para los partidos políticos (aunque dijo que se debe revisar la fórmula de asignación), así como en el de la propuesta de que los beneficiarios de programas sociales pudieran tener limitado su derecho al voto.

En el marco del actual proceso electoral, la consejera explicó que votar es contribuir a la conformación del poder político, “es escoger a quienes uno considera las mejores o los mejores hombres para gobernarnos y representarnos. Es buscar ponerle límites al poder, retirarle nuestra confianza a quienes nos han defraudado y es, sobre todo, participar en la definición del rumbo que deba tomar nuestro país”.

Terminó con una invitación a la lectura del libro para “tener más elementos para esta gran decisión que vamos a tomar el próximo 6 de junio”.

En su intervención Edmundo Jacobo, secretario ejecutivo del INE, también destacó la oportunidad del libro, del que destacó que es un esfuerzo por centrar la soberanía en el ciudadano, quien “delega su soberanía individual en quien lo representa o en quien lo gobierna. El texto se centra en esa decisión del individuo y la importancia de este en la vida pública y ene ejercicio político.

Sobre los procesos electorales de los últimos años, en especial a partir de 2016, Jacobo resaltó una nueva forma de la deliberación pública:  “La desinformación como un mecanismo para influir, en ocasiones artificialmente, para generar corrientes de opinión que forman parte de campañas políticas y que, a la mejor o seguramente como hemos visto en algunos casos, no tienen realmente sustento social”.

En la presentación del libro, moderada por Marco Levario, director de etcétera, Jacobo agregó que “en el mundo estamos viendo el uso de las redes sociales y de mecanismos automatizados para polarizar la discusión, reduciéndola a su mínima expresión. Como dirían los viejos clásicos del XIX: una expresión muy vulgar, maniquea, de ‘estás conmigo o estás contra mí’, que empobrece la deliberación pública”.

Defendió el financiamiento público de los partidos políticos para que no sea el dinero lo que privilegie la exposición de las ideas: “Entre más financiamiento, más posibilidades tendré de hacer campaña, de difundirla en medios, de poner espectaculares, de moverme por la región que quiero representar y ante la ciudadanía correspondiente. Entonces el dinero puede ser un factor extrapolítico muy preponderante en el momento de considerar la exposición frente a los electores”.

Sobre las limitaciones al voto de beneficiarios de programas sociales, Jacobo señaló: “La amplitud de los programas sociales es la mejor evidencia del fracaso del modelo económico de nuestro país, que tiene una polaridad en la distribución de la riqueza impresionante. Yo creo que es el mejor ejemplo de cómo en nuestro país hemos fracasado en construir modelos eficaces de distribución de la riqueza y tenemos una sociedad terriblemente polarizada, y hemos pretendido resolver esos problemas a partir de programas sociales”.

Acerca de la revocación de mandato, expresó: “Creo que cuando se elige a alguien se hace un contrato con esa persona por un periodo determinado. Que cumpla; si no cumple, el ciudadano tendrá la posibilidad de juzgarlo en el siguiente momento”.

Por su parte, Loaiza Núñez manifestó que concibió el libro como un diálogo de ciudadano a ciudadano con el objetivo de hacer conciencia acerca de la importancia del voto para actuar en consecuencia: “Sólo la acción genera resultados. En esa virtud pretendí asumir un compromiso conmigo mismo y con mis congéneres”.

Destacó que el voto, como todos los derechos, también trae aparejada una obligación, y es la responsabilidad que debemos asumir los ciudadanos: “Tenemos que intervenir todos sin dejar a nadie fuera para construir un futuro compartido, y creo que México tiene un potencial brutal en este sentido, pero los lastres están en muchos terrenos”.

Acerca de la cuestión de los recursos públicos, consideró que “los partidos han desperdiciado una gran oportunidad: tienen muchos años recibiendo financiamiento público y la participación ciudadana sigue siendo marginal. Se han creado verdaderos cuerpos gerenciales que administran el patrimonio público como si fuese privado. Los partidos se han convertido en franquicias, en negocios de grupitos e incluso de familias que demeritan y desvirtúan la democracia y desestimulan la participación del ciudadano”.

De la polémica cuestión de limitar el derecho al voto de beneficiarios de programas sociales, explicó: “Soy soberano en la medida en que soy capaz de decidir por mí. Si yo dependo de otros, ¿dónde está mi autonomía? Si la capacidad de autodeterminarme empieza por la capacidad de autosustentarme, de mantenerme, de no depender de un tercero, esa es mi soberanía. En la medida en que yo dependa de un tercero estoy obligado a obedecer”.

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