Recomendamos: ¿Todos equivocados, menos él? ¿Aquí también?, por Ángel Verdugo

Foto: Cuartoscuro

Una de las áreas más interesantes de la economía es la que tiene que ver con los modelos matemáticos (o econométricos); estos, son la herramienta que permite a los tomadores de decisiones —en el sector público y el privado—, contar con estimaciones del desempeño que tendrían algunas variables económicas. De esta manera, la definición de políticas públicas y las decisiones que permitirían paliar los efectos negativos de alguna crisis o las dificultades que se ven venir, estarían más cerca de lo correcto y adecuado.

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Algunos funcionarios y gobernantes, dada su ignorancia de dichas herramientas o los que conociéndolas nada entienden —por carecer del conocimiento obligado— del modelaje econométrico, las rechazan y llegan, no pocos, a burlarse de las mismas y su utilidad.

Por encima de estas conductas, reflejo de la falta de conocimientos y la renuencia a entender y aceptar los modelos econométricos como parte de los recursos obligados en toda gobernación desde hace muchos años, algunos gobernantes y sus funcionarios navegan en el océano de su ignorancia y caen, más temprano que tarde, en las decisiones absurdas y los juicios que expresan del futuro de la economía, carecen de toda lógica y sustento.

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La ignorancia y los juicios producto de la carencia de conocimientos lleva, a buena parte de los políticos, a verse como los únicos que están en lo correcto; en consecuencia, desde su soberbia y la seguridad que sólo su ignorancia puede proporcionarles, desautorizan a los profesionales de la prospectiva económica y a todo estudioso del desempeño de la economía.

En pocas palabras, el único que está en lo correcto es él; los demás, los especialistas y profesionales de la economía junto con instituciones de investigación y organizaciones multilaterales están completamente equivocados. Se llega entonces, producto de la megalomanía propia del autócrata, a colocarse en posiciones ridículas —por decir lo menos—: “Todos están equivocados; el único que está en lo correcto, soy yo”.

Cuando esto último se da en una discusión sobre temas frívolos (¿se irá Messi del Barcelona?, por ejemplo) y al calor del alcohol, no pasa de las frecuentes alegatas de borrachos. Sin embargo, ¿qué sucede cuando “el que se monta en su macho” dice que el único que sabe y está en lo correcto es el que gobierna éste o aquel país, o es el responsable de la política económica y/o fiscal?

¿Cuáles serían los efectos en la economía, de las decisiones que un gobernante así tomare? ¿Cuáles las consecuencias de las decisiones sobre proyectos de inversión de quien desecha toda evaluación técnica, económica y financiera de los mismos porque, sólo él sabe cómo se comportará el consumo y la demanda de lo que esos proyectos producirían, fueren bienes o servicios?

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Por último, ¿qué decir de México y su gobernante? ¿Él si entiende de modelos econométricos y por lo tanto, acepta la necesidad y utilidad de contar con los pronósticos que arrojan? Es más, ¿reconoce no tener la verdad absoluta, y acepta de buena gana sus limitaciones intelectuales? ¡Qué afortunados somos por contar con un gobernante así! ¿Verdad que sí?

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