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Foto: masnoticias.mx

Desde que el poder militar dejó de ser el centro de la política mexicana, a mediados del siglo XX, el poder civil tomó las riendas y las ejerció con el mandamiento no escrito de mantener a los militares fuera del juego.

Era un buen mandamiento, como se demostró cada vez que se violaba y los civiles llamaban a los militares para que les sacaran las castañas del fuego.

En los años 60 del siglo pasado, el Ejército fue usado para aplacar movimientos estudiantiles en distintas partes del país como Hermosillo y Morelia, culminando con Ciudad de México, en 1968. La aventura terminó en la tragedia del 2 de octubre.

A principios de los 70 bajo la presión de la novísima guerra contra las drogas del gobierno de Richard Nixon, el Ejército fue enviado a las sierras del noroeste a erradicar cultivos con los salvajes protocolos de la llamada Operación Cóndor.

El resultado fue una historia de represión, terror, pueblos desplazados y defoliación de las ricas forestas serranas, pues la erradicación de sembradíos incluía fumigaciones de paraquat, una variante del napalm que se usaba en Vietnam.

En los años 90 del siglo pasado, una vez más en colaboración con la política antidrogas estadunidense, fue convertido en zar antidrogas de México el general Jesús Gutiérrez Rebollo. No se habían esfumado todavía los encendidos elogios de su par estadunidense Barry McCaffrey, cuando Gutiérrez Rebollo fue detenido y preso por su complicidad con uno de los capos celebres de la época, Amado Carrillo, El señor de los cielos.

Más información: http://bit.ly/2FA4YA2

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