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Foto. SAT

A mediados de marzo, funcionarios del Aeropuerto Internacional de Campeche notaron cómo dos personas que omitieron pasar por los filtros de aduana se escabullían cargando una hielera hacia una avioneta que partiría con seis pasajeros con destino a San Pedro Sula. Al hacerles el alto y examinar el recipiente encontraron, en la capa de hielo debajo de la botanita y los refrescos, poco más de 5 mil dosis de lo que parecían ser vacunas “Espugni” V. Cuando aseguraban a los contrabandistas, éstos le habrían dicho así a sus captores: “No se metan en esto, no saben con quiénes están lidiando”.

Allí comenzó la comedia de enredos: Rusia confirmó que las vacunas eran falsas; la Fiscalía General de la República pidió a Migración que emitiera alerta para el piloto y los siete pasajeros hondureños, conociendo el hotel donde se hospedaban, pero todos se pelaron, supuestamente por una orden dada desde una secretaría o agencia del gobierno federal sin especificar; no se conoce el nombre de los fugados pero por la prensa hondureña sabemos que dos de ellos son Gustavo Raudales y Julio César Martínez, funcionarios del Grupo Karim’s; miles de dosis fueron ya inyectadas a los empleados de una maquiladora campechana perteneciente a Karim’s y a sus directivos y dueños, y a los amigos de éstos y, lo peor: hasta ahora la Cofepris no ha podido decir qué demonios contienen los envases.

El Grupo Karim’s pertenece a Mohamad Yusuf Amdani, un exitoso empresario paquistaní naturalizado hondureño que en algún momento de su periplo vivió en Campeche, fundando allí una agencia inmobiliaria, hoteles, restaurantes de comida rápida y maquiladoras de ropa con el apoyo del ex gobernador José Antonio González Kuri y de su hermano José Luis, ex alcalde de la capital. No es inverosímil que el empresario haya querido, ante el desastre que están siendo las campañas de vacunación en México y en Honduras, comprar reactivos para repartirlos entre sus empleados y amigos en Campeche y San Pedro Sula. Pero la buena fe no quita lo ilegal y, por lo visto, tampoco lo tarado: no hay tal cosa como una vacuna contra el covid en venta a particulares, a menos que sea pirata o que algún gobierno o funcionario la esté revendiendo con jugosa ganancia por el aeropuerto trasero.

Las preguntas son legión: ¿Por qué no está Amdani bajo investigación, y por qué sus operadores fueron ayudados a escapar? ¿Qué demonios les inyectaron a miles de mexicanos? ¿Quién es el malandro que está vendiendo vacunas patito? Porque no es la primera vez; en Monterrey se clausuró un hospital que vendía dosis, también supuestamente falsas, a 10 y 20 mil pesos el piquete, y en San Pedro hay casas habilitadas para que la clase dorada exponga sus bíceps en completa comodidad y privacidad.

Y esas son las que nos sabemos.

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