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Foto: Cuartoscuro

“Ese artículo transitorio para prolongar por dos años adicionales la presidencia del ministro Zaldívar en la Suprema Corte no podría transitar ni aun cuando fuera aprobado y promulgado. Mejor decirlo desde ahora”, tuiteó el pasado 17 de abril Pablo Gómez, vicecoordinador legislativo de Morena en la Cámara de Diputados. AMLO dio la orden contraria y sus partidos aliados aprobaron violar la Constitución.

Al tomar posesión AMLO prometió “guardar y hacer guardar” la Constitución. No se ruboriza cuando defiende una violación expresa a ésta. El principio superior que según él lo justifica es limpiar al Poder Judicial, ciertamente con problemas de corrupción y nepotismo. Si eso le interesara realmente, debería cuidar la legalidad del proceso, misma que terminará de descuartizar al nombrar jueces entre sus amigos, parientes y morenistas dispuestos a cumplir sus caprichos.

Si Zaldívar es un hombre decente, como dice AMLO, deberá votar a favor de la inconstitucionalidad de este transitorio cuando llegue la controversia a la Corte. Nada de excusarse. En el mismo sentido debería votar cualquier ministro respetuoso de la Constitución. No hacerlo es condenar a la ilegalidad e ilegitimidad las decisiones futuras de la Judicatura y de la propia Corte.

AMLO ha dicho que “sería el colmo que el Poder Judicial del país estuviese al servicio de particulares”. En nuestro arreglo institucional, ésa es justamente una de las funciones del Poder Judicial. Defender a los particulares del gobierno si éste viola sus derechos, incluido el de la privacidad. AMLO suele decir que el (sabio) pueblo debe ser consultado. Bueno, lo dice sólo cuando cree que ello le conviene. Que le pregunte al pueblo si quiere dar sus datos biométricos.

En el fondo desconfía del pueblo. Nunca lo consulta de verdad. Incluso le da miedo una elección sin su inconstitucional intervención en favor de Morena y sus aliados. El opositor que gritaba “¡cállate, chachalaca!” es hoy una chachalaca mañanera. Los triunfos que tenga Morena estarán teñidos de ilegalidad.

Una de las frases favoritas del Presidente y de sus simpatizantes después de su triunfo electoral en el 2018 era que la oposición estaba moralmente derrotada. Tenían razón. Sus indecencias y corruptelas habían sido muchas en sus décadas en el poder.

Lo increíble es que, a tan sólo casi tres años de su victoria, estemos otra vez con una inmoral mafia en el poder. Ellos creen que son mejores porque no roban como aquéllos y no viajan en el avión presidencial. Lo primero está por verse, lo segundo es un mero show.

Son indecentes y cínicos. Siguen cobardemente las órdenes del jefe aunque muchos de ellos sepan que son equivocadas.

Los resultados de esta inmoral forma de gobierno donde sólo importan los deseos de AMLO son conocidos para cualquier ciudadano informado. Van tres ejemplos. Miles de mexicanos mueren o se enferman innecesariamente porque el gobierno no puede comprar suficientes medicinas por una supuesta lucha contra la corrupción. Tenemos un gobierno que no vacuna a la totalidad de su personal médico, aunque México lidere la lista mundial de personal médico fallecido por Covid-19. El gobierno es capaz de envenenar con la quema de combustóleo varias zonas metropolitanas del país simplemente porque AMLO cree que es buena idea refinar más crudo, aunque por cada barril procesado Pemex pierda unos 10 dólares, además de escupir ese tóxico llamado combustóleo.

Al Presidente, con su servil Congreso, no le importa el beneficio de los mexicanos ni el respeto de la Constitución. El 6 de junio es la oportunidad de poner un freno a la paradoja en que vivimos: en nombre de la urgente renovación moral de la vida política del país están los principios

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