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Foto: Mapio.net

Pues 2020 ha sido un año muy complicado. Es el año de la pandemia y así se recordará en todo el mundo. En México es, además, el segundo del nuevo gobierno, que desde 2019 empezó a destruir todo lo edificado en los últimos 25 años. No fue coincidencia que López Obrador viese la pandemia como “el anillo al dedo” que le permitiría terminar su obra destructiva. Ahí va.

Aunque todavía hay quien defiende al actual gobierno, la evidencia de su ineptitud y mala entraña es clara. Desde la cancelación de la construcción del aeropuerto, se vino abajo la confianza, y con ella la inversión. Y ahí sigue, 25% por debajo del nivel previo a esa decisión. A cambio, se ofrecía que mejorarían las condiciones de los más pobres, pero eso no ha sido cierto. Las personas con menos oportunidades en México tenían dos programas sociales de soporte: Prospera y Seguro Popular, y ambos fueron eliminados. Lo que sí ha crecido es la transferencia de dinero en efectivo a distintos grupos: adultos mayores, jóvenes en la escuela y fuera de ella, personas con acceso a terreno que puedan ofrecer como parte de Sembrando Vida, y poco más que eso. El efecto neto, lo comentamos ayer, es de 150 mil millones de pesos, que no alcanzan a ser 10 mil millones de dólares, 0.7% del PIB reducido de este año.

La otra gran medida del actual gobierno, elevar el salario mínimo, fue en realidad continuación de una política del gobierno previo, que fue el que eliminó los obstáculos para elevar esa referencia. En 2018, bajo la administración de Peña Nieto, el mínimo se incrementó en 10%, y en los dos años del gobierno actual subió 16 y 20%. Este último incremento parece haber sido ya excesivo, pero no pudimos confirmarlo por la llegada de la pandemia. Anillo al dedo.

No hay avance alguno en temas de seguridad o corrupción, que fueron las dos grandes demandas de la elección que llevó al poder al grupo que hoy lo detenta. Hubo una reversión seria en educación, con la eliminación de la Reforma Educativa. Hay un ataque constante a los organismos autónomos, algunos de los cuales ya han sido desmantelados, y otros tienen que dedicar más tiempo a defenderse que a hacer su trabajo.

El manejo de la pandemia ha sido espectacularmente malo. El objetivo inicial del gobierno fue minimizar el problema y evitar imágenes como las vividas en Italia o España en marzo. Por eso evitaron hacer pruebas, y enviaron a la gente a su casa, en lugar de atenderlos en hospitales. Nunca hubo una reducción en la tasa de contagios, y en estos días estamos en el peor momento. Ahora, sin embargo, la gente sí va al hospital y ya no hay dónde atenderla.

Ofrecieron que morirían unos pocos miles de personas, pero hoy el exceso de mortalidad ronda 300 mil mexicanos. La mitad de ellos en edad laboral, a diferencia de lo ocurrido en Europa. Y no tenemos ninguna estrategia para reducir contagios, controlar el proceso, evitar la mortandad. Todo, porque el Supremo no ha querido usar cubrebocas.

Esta columna hizo todo lo posible por alertar del peligro que significaba López Obrador y la horda que lo acompaña. No tuvimos éxito alguno. Hay que reiterarlo, sin embargo: López Obrador es un peligro para México, una amenaza, una tragedia.

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