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Foto: Reuters

Es cierto que 2020 ha sido hasta ahora un año difícil en todo el mundo. Pero falta lo peor y basta echar un vistazo al panorama informativo mundial para querer encerrase en casa y no salir hasta enero, y no sólo por la pandemia.

El coronavirus Covid-19 está repuntando en todas partes, y si nos guiamos por los ciclos que presentó el “bicho” en su primera pasada, las cosas podrían venir peor. En Francia, por ejemplo, hay ciudades que están viendo llenar de nuevo las camas de terapia intensiva, y ya temen otra crisis. No están muy lejos de volver a aplicar medidas de aislamiento. Madrid anunciará mañana un regreso a ciertas restricciones para evitar contagios. Israel detuvo toda actividad durante dos semanas, mientras India sobrepasa los 5 millones de contagios.

¿Se acuerdan cuando llegaban noticias así de Europa en febrero y marzo, y aquí “ya estábamos preparados”? Ahora, 70 mil muertos después, siguen negando la realidad y el riesgo es mayúsculo. Todavía no hay vacuna y se nos olvida que, en 1918, la fiebre española mató a unos 500 mil mexicanos, y la población era sustancialmente menor.

En Estados Unidos van casi 200 mil muertos, y parece que la consigna del presidente Donald Trump es ignorarlo, aunque una segunda oleada de contagios es inminente, y sería letal. Allá murieron 650 mil en 1918. Esa pandemia duró cuatro años. La esperanza es que aparezca una vacuna confiable para reducir el ciclo, pero está apenas en proceso.

La pandemia no es el único reto. Como les comentaba el lunes, el planeta está mandando señales. Los incendios en California, Oregón y Washington son los peores de la historia, y están contaminando seriamente el medioambiente en buena parte del país. Acaba de pegar el huracán Sally en Louisiana, en Estados Unidos, y vienen, por lo menos, otros ocho fenómenos atmosféricos en camino. Dos de los más grandes e importantes glaciares en Antártica presentan cuarteaduras, y enormes bloques de hielo tendrán un impacto inmediato en el nivel de los océanos. Inundaciones y temblores podrían sumarse a la catástrofe.

Es parte de la importancia enorme que tiene el proceso electoral en Estados Unidos. Una victoria de Trump retrasaría aún más la respuesta mundial a estos fenómenos, porque junto con los otros populistas, incluyendo al nuestro, no cree en la ciencia. Los populistas piensan que la solución a todo aparecerá como un milagro, porque todo su edificio está construido en la fe, y no por la experiencia empírica. Así, nos llevan al matadero a todos, porque esto requiere de soluciones internacionales, y la globalización es veneno para ellos, pues expone sus mentiras.

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