Joyeria de plata mexicana para cautivar

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Ilustración: Agencia Sinc / Cinta Arribas

Gil se devanaba los sesos y empeñaba su memoria en el Monte Piedad: ¿le dio o no le dio sarampión cuando era un ñiño? Gamés lo ignora y quienes podrían saberlo viven en Plutón. Al niño Gilga le dieron muchas enfermedades de contagio, hasta las paperas, pero no sabe si le dio el sarampión. Todo esto viene a cuento porque una nota de Carlos Coria Rivas de su periódico Excélsior informa que luego de detectar dos nuevos casos de sarampión en niños de Ciudad Juárez, el subdirector de Epidemiología de la Secretaría de Salud, Gumaro Barrios, hizo un llamado a la población para tomar medidas preventivas que eviten el contagio. Bien hecho, Gumaro.

Los dos casos más recientes se detectaron por la formación de un cerco sanitario impuesto por el Sistema Estatal de Vigilancia Epidemiológica en Chihuahua, luego de la confirmación del primer caso en una menor, el 26 de julio en la frontera con El Paso, Texas.

Barrios informó que los contagios se dieron en tres menores de edad, todas mujeres, quienes fueron atendidas y ya se encuentran en sus domicilios, “en franca recuperación”.

Y a todo esto: ¿las vacunas? ¿No hay vacunas? ¿No se compraron a tiempo? En Chihuahua existen 32 casos sospechosos de sarampión, los cuales reciben seguimiento cuidadoso. O sea, el sarampión resurgió, ¿así nomás? ¿Porque le dio la gana? Gil ya lo escribió; no hay vacunas y ya han dicho que las tendremos hasta el cierre del año. No manchen su alma.

Renuncia

La noticia pasó un tanto en cuenta inadvertida. El doctor Antonio Lazcano, profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM, especialista en biología evolutiva y miembro de El Colegio Nacional, dirigió una carta a Mario de Leo-Winkler, director del Sistema Nacional de Investigadores y Vocaciones Científicas del Conacyt. El doctor Lazcano invitó al director del SNI a presentar su renuncia. La carta, publicada por su periódico Crónica, es una exhibición tremenda. Gil les acerca dos o tres párrafos: “Estimado Dr. Leo. Hace unas semanas tuve la oportunidad de leer el ensayo titulado The universal Universe or making astronomy inclusive, que publicó usted en Nature Astronomy 3: 576 el pasado mes de julio. Me gustó lo que escribió en su artículo, y créame que de verdad respeto y aprecio su empeño en hacer del conocimiento científico parte del acervo intelectual de comunidades que por distintas razones viven marginadas”.

En este momento, Gil empezó a sospechar: “Tanto el intercambio que tuvimos el día de ayer en la reunión de las Comisiones Dictaminadoras del SNI como los comentarios que usted subió el día de hoy a las redes sociales, muestran que usted ignora y hasta parece desdeñar las contribuciones que algunos de los grandes científicos han hecho en los últimos 150 años a la definición de la difusión de las ciencias. Ello es preocupante, pero creo importante subrayar que usted y yo coincidimos, junto con muchos más, en que estamos obligados a ayudar a que el conocimiento científico sea parte del patrimonio cultural de todos los mexicanos.

Más información: http://bit.ly/2KZtnRN

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