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Foto: EFE

Entiendo la necesidad de circo que tiene AMLO. En los primeros 18 meses de su sexenio van más de 53 mil asesinatos, incluidas casi 6 mil mujeres. Ya son más de 72 mil muertos por Covid. Tras el estancamiento económico del año pasado, ahora viene una caída del PIB de alrededor del 10 por ciento. Para colmo, su apuesta de incrementar la producción de crudo está fallando. Los barriles extraídos en julio son los más bajos desde 1979. Con tanto fracaso, además del circo, ¿qué otra cosa puede hacer?

Bueno, podría evitar espectáculos tan lamentables. Consultar para aplicar la justicia es inconstitucional. Si AMLO sabe de la comisión de un delito, lo tiene que informar a la FGR. Ésta debe actuar ante esa denuncia. La justicia no es optativa ni sujeta a un concurso de popularidad.

Lo increíble es tener un Presidente que se atreve a presentar no sólo la pregunta de la consulta, sino la carta que la acompaña. Si aumentar la desigualdad fuera un delito, como acusa de ello a Salinas de Gortari, acumular tal cantidad de pobres en menos de dos años en el poder y más muertes por coronavirus de las pronosticadas por el propio gobierno en el escenario más catastrófico, sería un delito mucho mayor.

¿Nadie en el gabinete alzó la voz sobre el despropósito? Lo mismo con la rifa del avión. Entre más se atascaba en el lodo la idea de rifar el avión (que originalmente implicaba llevarse el avión como premio) más maromas tuvo que dar.

Seguramente la Suprema Corte rechazará la consulta. Avalarla sería un escándalo. No hay constitucionalista que la haya defendido públicamente.

El Presidente aprovechará la negativa de la Corte para acusarla de conservadora. El circo debe continuar.

La grotesca violación de todo principio ético en estos espectáculos va abriendo la puerta para hacer otros peores en el futuro. El viernes no solo se burló de un titular de esta casa editorial que daba cuenta de las masacres del 2020, sino que luego deambuló en el escenario sin recordar qué estaba buscando. ¿Para eso luchó 18 años para llegar al poder?

Quizá muchos de sus aliados crean que son estrategias políticas geniales. Distraen del desastre. Lo muestran como un político diferente.

Una buena estrategia política, sin embargo, no es ir ganando batallitas, y en muchos de sus espectáculos difícilmente gana algo, sino preparar al gobierno para manejar mejor los enormes retos que el país enfrenta. No está siendo así. AMLO no está ganando tiempo con el espectáculo mientras trabaja intensamente para tener una mejor estrategia frente a la pandemia, la inseguridad o la crisis económica.

Dice estar convencido de seguir el rumbo correcto y estar muy feliz, sin odios. No se ve así en las tomas tanto del Informe, como del Grito, cuando va rumbo al estrado o al balcón. Se muestra enojado, y molesto. Ya cuando habla empieza a disfrutar y supongo que a olvidar los fracasos que arrastra. El púlpito es su adicción.

Una acertada estrategia de comunicación sirve para convencer a una parte significativa del electorado que la ruta seguida es la correcta. Los ridículos están estrechando la base de apoyo del Presidente y distanciándolo cada vez más de quienes no están con él.

¿Su base electoral requiere la consulta para seguir apoyándolo? ¿O la rifa? ¿Eso arrojan sus encuestas? Si es así, deben estar muy preocupados en Palacio Nacional.

Un problema para los líderes adorados o temidos por quienes los rodean es que nadie les lleva la contra. A AMLO, el aplauso garantizado de sus seguidores más leales lo aísla. El poder es soledad. Con sumisos alrededor, sin nadie capaz de decirle la verdad, es aún más fácil perder el piso. Seguro más de uno de quienes lo rodean le celebraron el éxito de la rifa del avión. Ya anunció que el año entrante vendrá otra.

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