Joyeria de plata mexicana para cautivar

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Foto: EFE

Es una carta sorprendente que, firman figuras de tanto peso y tan disímbolas como el muy liberal Francis Fukuyama, el filochavista Noam Chomsky, la feminista Gloria Steinem y la mismísima J.K. Rowling. ¿Qué dicen? Que los Estados Unidos viven una marea censora que ha dejado ya daños graves, para empezar: “El libre intercambio de información e ideas, que es el sustento de una sociedad libre, está volviéndose cada día más estrecho”.

¿De dónde proviene esta censura? Del progresismo radical, que, en efecto, ha avanzado posiciones de manera alarmante en los últimos tiempos: lo mismo se cancela la publicación de un libro, que se defenestra a un profesor universitario, que se tira una estatua, que se retira de plataformas Lo que el viento se llevó, que se consigue que la creadora de Friends se disculpe por no haber incluido un personaje afroamericano hace 20 años.

Y sí, se empobrece el debate, el diálogo, porque el miedo avanza: porque si cuestionas pierdes la chamba, te estigmatizan en las redes y los medios, censuran tus obras. Y lo hacen en nombre de la justicia. La carta, firmada por 150 personas y publicada en Harper’s, aparece cuando aquel país arde por las protestas contra el racismo, de manera justa y necesaria. Pero esas protestas han traído una efervescencia censora: cualquier apunte crítico, cualquier duda o matiz, merece la acusación instantánea e irrevocable de “racismo”.

No es nuevo. Hace ya un par de décadas o algo más que ese integrismo bienpensante pasó de talibanizar las universidades, a los medios, a las redes y a los estamentos políticos. Es una muletilla: cualquier intento de debate, de intercambio de ideas, queda zanjado con acusaciones de racismo, de clasismo, o ambas.

Es una forma hipócrita del truco más viejo del manual: la descalificación del adversario; la falacia ad hominem. Yes una epidemia, sí. La censura, el conservadurismo a ultranza, la imposición de la palabra de Dios, nos rebasó por el acotamiento, salvo que el acotamiento está, aquí, a la izquierda.

Uno de los libros más vendidos en los Estados Unidos es una especie de tratado de autoayuda para que superes la oleada de “progresismo woke”, como se conoce a este fenómeno. Se llama Don`t Burn this Book, y lo escribió Dave Rubin, un muy taquillero polemista que abandonó la izquierda para seguir los caminos de la incorrección política.

Podríamos leerlo en México, donde no somos inmunes a esta avanzada: ¿recuerdan los casos de Chumel Torres y Jorge Castañeda? ¿Les suena eso de invalidar cada argumento porque eres racista, eres clasista, eres güero y privilegiado? “Derrota a tu chairo interior”, podría ser su motto en lengua española. Imperdonablemente afín a Trump, un tanto frívolo, Rubin tiene razón en lo fundamental: atreverse a pensar con libertad es, hoy, una urgencia.

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