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Foto: Quadratin

Nadie puede acusar a Delfina Gómez Álvarez de dispendiosa. Su vida en el barrio de San Pedro siempre fue modesta, y lo que tiene lo ha ganado a pulso: se pagó solita sus estudios profesionales cuidando niños, cursó luego dos maestrías y pasó de maestra de aula de pueblo a directora de un colegio privado. De miembro del Sindicato de Maestros al servicio del Estado de México llegó a ser su secretaria general, y en 2013 entró de lleno a la política cuando derrotó al PRI para convertirse en alcaldesa de Texcoco por Movimiento Ciudadano, siempre de la mano de su padrino político, el entonces perredista y hoy morenista Higinio Martínez. Su secretario del ayuntamiento fue Horacio Duarte, quien como diputado federal, cuando el intento del desafuero, se encargó de la defensa de López Obrador, entonces jefe de Gobierno de Ciudad de México.

De Texcoco saltó a una diputación federal que volvió a arrebatarle al PRI. Su última campaña, por la gubernatura del Estado de México, no corrió con la misma suerte, estrellándose contra Alfredo del Mazo en representación de un tricolor que ha gobernado ese estado como un feudo desde 1925. López Obrador, entonces candidato a una presidencia que luego ganaría, alegó fraude y desconoció la derrota de su seleccionada. De poco le sirvió: Del Mazo fue declarado ganador con 2 millones 40 mil 709 votos, por 1 millón 871 mil 542 de Gómez.

Fue en las previas de esa campaña, con Horacio Duarte como presidente de Morena en el Edomex, cuando se descubrió que Gómez, nombrada por el partido en 2016 como “Promotora de la Soberanía Nacional”, descontaba parte del sueldo de sus trabajadores municipales, sumando alrededor de 36 millones de pesos esquilmados que fueron a parar al Grupo de Acción Política de Higinio Martínez, aunque ella alegó que fueron “aportaciones voluntarias”. No solo hablamos de la retención injusta e ilegal de 10 por ciento de los salarios para Acción Política, y a veces 5 por ciento más para la cuenta personal de Alberto Martínez, entonces tesorero municipal y hermano de Higinio —quien también colocó a su nuera, Elizabeth Terrazas, como directora del DIF municipal; a su prima Mónica Quintero Miranda como jefa de la Dirección de Agua Potable, Drenaje y Alcantarillado, y al esposo de ésta en la Dirección de Regulación Comercial—, sino de actos que se acercan peligrosamente a la mentada de madre: Gómez ordeno desde fines de 2013 y por más de dos años la retención de pensiones alimenticias que le correspondían a cerca de 40 familias necesitadas —hablamos de madres solteras o divorciadas, de niños huérfanos o maltratados—, dando un monto de casi seis millones de pesos que luego desvió a cuentas a nombre de su tesorero. A la fecha no se sabe del destino de ese dinero, ni ha habido consecuencia alguna para los perpetradores. Higinio y Delfina son hoy senadores de la República por Morena, y Gómez está a punto de quedar a cargo de la educación de nuestra niñez.

La esperanza de México, le dicen a eso.

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