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Foto: Especial

Cuando las autoridades federales percibieron que el número de contagios y muertos por covid-19 se estaba saliendo de control, decidieron dirigir sus baterías contra las empresas de productos procesados y bebidas azucaradas. Antes, no habían sido tan vocales para expresar su odio jarocho contra el “veneno embotellado” o “la comida chatarra”.

Esa retórica alcanzó otro nivel cuando el jueves pasado, durante la conferencia de prensa del informe diario sobre covid-19, el subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura, Víctor Suárez Carrera, señaló “en síntesis, podemos decir que este modelo neoliberal impuso un imperialismo alimentario y una colonización de nuestro paladar”. Ante esta impecable lógica, si una persona contrae el covid y pierde el gusto, debería sentirse feliz porque finalmente ¡se ha independizado! Sus cadenas con el imperialismo que había conquistado su paladar se habrían roto finalmente.

Gracias a esa gran revelación, ahora se entiende cómo un partido conservador, el PAN, ha querido apropiarse de los sentimientos de los mexicanos, al apelar a ese alimento básico que vive en el corazón y el estómago de los mexicanos.

Pero la sabiduría de Suárez Carrera tiene un error cronológico, pues, de acuerdo con la senadora Jesusa Rodríguez, la decadencia empezó ¡en 1521! “Nos trajeron una dieta violenta. La conquista se consumó el 13 de agosto de 1521 con la caída de la gran Tenochtitlán, que, además, (ése) fue el primer día en que se comieron tacos de carnitas en este país. Los españoles trajeron los cerdos y los mexicanos pusieron las tortillas. Recuerda que cada vez que comas tacos de carnitas, estás festejando la caída de la gran Tenochtitlán”.

Y pensar que, cuando se escuchaban cosas como: “el café colombiano que conquista el paladar”, “la comida francesa que conquista a los mexicanos”, ¡estaban hablando en serio! No era una broma, era parte de un complejo y maquiavélico plan para invadir las papilas gustativas. Así que cuando el amable lector esté disfrutando un platillo de la cocina española, chilena, alemana, italiana, japonesa, china o de cualquier país, piense que está siendo sometido al más bajo y oscuro interés: la invasión, colonización y explotación de su paladar. Habría además que cuestionarse si las fuerzas imperialistas y neoliberales no conquistaron también el oído, el tacto, la vista, y el olfato.

Los perfumes franceses, las películas de idioma extranjero, los grupos musicales que no sean mexicanos, todos estarían detrás de ese sometimiento.

Pero las fuertes declaraciones del subsecretario no fueron las únicas que conmocionaron al país, pues el presidente Andrés Manuel López Obrador también reveló que una enfermedad que sólo les daba a los burgueses había llegado a su gobierno.

Esta semana finalmente se hizo oficial la salida de Víctor Manuel Toledo al frente de la Secretaría de Medio Ambiente. A pesar de que era la crónica de una renuncia anunciada, tras las grabaciones que se filtraron en las que echaba pestes de alguno de sus compañeros del gobierno federal y decía que la Cuarta Transformación era una vacilada, el mandatario dijo que la dimisión del funcionario era por estrés: “Antes yo pensaba que el estrés era una exquisitez de la pequeña burguesía, pero no, sí existe y no todos estamos hechos para resistir presiones”.

Así que Germán Martínez, quien renunció al IMSS; Carlos Urzúa a la SHCP; Javier Jiménez Espriú a la SCT, por mencionar sólo algunos casos, salieron por estresados y burgueses.

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