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Foto: Gobierno de México

Dice Andrés Manuel López Obrador que ante las críticas que le hace la prensa tradicional, su “escudo protector” es la mañanera y su “ángel de la guarda” es el pueblo.

Sobra decir que la declaración deja mal parados a los que cubren la conferencia matutina.

Reducir la mañanera al rol de escudo protector es reconocer lo cómodo que se siente con ese ejercicio, el cual se ha convertido en la caja de resonancia del régimen.

Usa la mañanera como un instrumento de lucha política para, desde allí, descalificar, denostar, acusar y presumir una pretendida superioridad moral sobre críticos y adversarios de la 4T. Allí no se busca la verdad, sino ganar espacio y descalificar al adversario.

Juzgue si no: A Alejandro Junco, presidente del Grupo Reforma; y a Juan Francisco Ealy Ortiz ya los afilió al Frente Nacional AntiLópez Obrador (Frenaaa).

“Nada más estoy esperando a que venga el señor Junco a colgar su hamaca, yo se la voy a mandar de regalo, y a Ealy Ortiz a que venga a colgar su hamaca, y todos pueden estar aquí, y protegidos, sin ningún problema”.

Eso, en el futbol americano, se llama rudeza innecesaria.

Ya encarrerado, se metió con el New York Times, el Washington Post, el Wall Street Journal y el Financial Times, medios que han publicado notas y artículos desfavorables a su gobierno. “No tienen profesionalismo y les falta ética”, sentencia el Presidente.

No es extraño, pues, que nadie le preguntara sobre el riesgo en el que están las finanzas públicas, la inviabilidad de Pemex o los efectos de la inflación derivados de la pandemia de los que habló el jueves el Banco de México. No quieren incomodarlo.

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El ángel de la guarda es un ser espiritual al que Dios da la misión de proteger y guiar a las personas durante su vida, para después llegar al cielo. El de López Obrador es el pueblo, según él. La bronca es que el México de la 4T —que él encabeza— está hoy en el extremo opuesto del cielo.

Basta con ver la caída del PIB —alrededor del 10 por ciento en 2020—, las cifras de homicidios —se proyectan más de 40 mil para finales del año— y las defunciones por coronavirus (83 mil 507) que nos mantienen en el cuarto lugar por el número total de muertos.

¿Y qué es “el pueblo” para AMLO? “Es la plaza pública que se llena al conjuro de su llamado”, dice Enrique Krauze en su libro El pueblo soy yo (Penguin Random House).

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Porfirio Muñoz Ledo está furioso por el empate técnico con Mario Delgado que cantó el INE como resultado de la encuesta para elegir al presidente de Morena. Se dice robado. Su ira tiene fundamento. Por poquito, pero está arriba. Tiene 25.34% de las preferencias contra 25.29% de Mario. Basado en la convocatoria (Bases 14 y 16)  el INE dice que esos resultados no permiten definir un ganador, y anuncia que se hará una tercera encuesta.

En una medición previa de reconocimiento, Muñoz Ledo ganó dos a uno.

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El resultado anunciado por el INE desató una dura polémica en Morena. Hasta amenazas de ruptura hay.

En Twitter se registraba ya un movimiento de morenistas que felicitan y reconocen a Porfirio como presidente y a Citlalli Hernández como secretaria general.

Porfirio es apoyado por los llamados “puros”, encabezados por Claudia Sheinbaum, prospecto para el 2024.

Le piden a Mario Delgado, vinculado con Marcelo Ebrard, otro prospecto para la presidencial, que muestre vocación democrática y se haga a un lado.  “Somos muchos apoyando la decencia y la congruencia de ambos”, sintetizó Lorena Villavicencio en su cuenta de Twitter.

Porfirio los inquieta. Tiene 87 años. No trae agenda política que lo frene. Ganó sin dinero.

Repitió hasta el cansancio que bajo su presidencia, Morena no va a ser el partido del gobierno. Es capaz de ponérsele al brinco al presidente López Obrador. Ya no pierde nada.

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