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Foto: Cámara de Diputados

Las prioridades de la Cámara de diputados ante la emergencia para la salud de los mexicanos y la economía del país, fueron políticas, las de siempre… El pleito casero, la vendetta y el albazo, como si nada nuevo pasara. Su agenda hizo a un lado el impacto del coronavirus y medidas económicas para mitigar sus efectos, la debilidad del sistema de salud o las afectaciones al empleo antes de parar actividades esta semana. Prefirieron obviar el desastre que requiere acciones inmediatas o, peor aún, aprovecharlo en avalar reglas ventajosas para la reelección o consumar el juicio a una condenada política y hasta prohibir el uso de animales en la producción de cosméticos.

Las últimas sesiones, antes de la suspensión de actividades legislativas en San Lázaro, resultaron otra demostración del mensaje del “aquí no pasa nada” que tanto se ha criticado al Presidente en sus pronunciamientos sobre la pandemia. Un seguir la rutina con temas de agenda que en la coyuntura transitan más fácilmente ante las ausencias en varios grupos parlamentarios. Un momento propicio para consumar preparativos para el arranque de la elección de 2021 con la aprobación fast track de una reforma para buscar reelegirse sin dejar sus cargos o también instaurarse en gran jurado para quemar en la hoguera política a Rosario Robles por la “corrupción histórica” de la estafa maestra.

Si hay reclamos al gobierno porque sus medidas no están a la altura y celeridad con que avanza el virus, la ausencia de planteamientos y entregarse a sus rutinas de los diputados simplemente hablan de desconocimiento de la problemática. El mundo de la política parece haber entendido el llamado profiláctico del “distanciamiento social” como separación con la sociedad y sus representados. ¿Cuáles debates, puntos de acuerdo o llamados sobre medidas monetarias o fiscales ante la caída del PIB? ¿Qué planteamientos respecto a las capacidades del sistema de salud y formas de evitar que colapse como en otros países? ¿Dónde su responsabilidad ante los sectores económicos más afectados y medidas de protección para los que ya comienzan a perder el empleo o los millones de la economía informal que no pueden dejar de trabajar ni un día?

Incluso la iniciativa de crear un fondo de emergencia con que hacer frente a la paralización de la economía se aprobó sin valorar su impacto, aunque con la urgencia de tenerlo listo para repartir recursos al comenzar la campaña electoral cuando se recrudecerá la depresión económica. La Cámara puso a disposición del gobierno la contratación de deuda por 180,000 millones, pero ¿cuánto se prepara para proteger el empleo, la quiebra de empresas o fortalecer el sector salud? Los congresos de casi todos los países se han involucrado en planear medidas fiscales o ayuda para sectores afectados. Canadá socorre a las Pymes con el pago de sueldo a sus empleados, mientras EU quiere otorgar 250,000 millones de dólares a grandes empresas y repartir más de 200,000 millones a personas físicas. Francia ofrece apoyos para el pago de luz, gas, rentas o hipotecas. En nuestro caso hay sólo un sector atendido, adultos mayores, con el adelanto de cuatro meses de pensión.

Los diputados han escuchado al Presidente y decidido no desgastarse con el coronavirus por el momento, a pesar de que el país se encamina hacia la peor recesión en décadas y el impacto en la salud de los mexicanos aún es un interrogante. Ante la incertidumbre radical, las inercias los llevan a esperar que pase el cataclismo biológico para activar las campañas hacia las elecciones intermedias del próximo año. Algo tan estúpido como los mismos virus, para citar a Slavoj Zizek.

Pero al menos hasta que eso pase lo que ocupa es que los políticos guarden silencio para evitar que traten de aprovechar la confusión en pretendidas campañas.

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