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Foto: La Jornada

Al inicio de la pandemia el Premier británico, Boris Johnson, destacaba por ignorar las más elementales precauciones contra el covid: usaba máscara a regañadientes y mal colocada, se rehusaba a mandar restricciones o cierres y no se le veía guardar distanciamiento físico alguno. A fines del pasado marzo él mismo contrajo el virus y, luego de pasar varios días muy grave en el hospital, y con la curva de casos llegándole al cuello, comenzó a recular. Hoy no se le ve sin tapabocas y acaba de mandar una cuarentena total, luego de que una variante más contagiosa del covid-19, que poco a poco se ha esparcido por el mundo, comenzara a salirse de control desde el sur del país.

Suecia eligió enfrentar la crisis con una estrategia laxa, evitando las restricciones de movimiento y el cierre de comercios, restaurantes, escuelas y oficinas. Hace 15 días Anders Tegnell, el epidemiólogo de cabecera del primer ministro Stefan Löfven, aporreado en verano por índices parecidos a los de España e Italia y ahogado ahora por una nueva ola invernal, dijo que, si volviera a encontrarse un fenómeno así, con la información que hoy tiene, las medidas hubieran sido más parecidas a las que tomaron gobiernos más cautos. El rey sueco, Carl XVI Gustaf, ha descrito a la estrategia nacional como un fracaso.

Hace cerca de un mes la Organización Mundial de la Salud le advirtió a México que “estaba mal parado” para enfrentar lo que se venía, urgiendo a nuestros líderes a tomar en serio la pandemia y a ponerle buen ejemplo a los ciudadanos. Esto en alusión obvia a la renuencia del Presidente mexicano a usar tapabocas, su tendencia a recomendar remedios mágicos y en general su poca disposición a acatar las recomendaciones de los científicos. Siguiendo el molde, su encargado oficial optó por un manejo político y arrogante de la crisis, desestimando una y otra vez la principal recomendación de la OMS sobre el tapabocas, afirmando la falsedad de que el patógeno no era más grave que la influenza común y riéndose de la ruta de vía que le ofrecieron en otoño seis ex secretarios de Salud.

A nadie sorprendió que México se convirtiera pronto en uno de los países del mundo con más contagios y muertes por población. Lo que sí sorprende es la incapacidad del Presidente y de sus entenados de hincarse ante las peores tempestades, en este caso con AMLO contestándole a la OMS que él mejor le hace caso a López Gatell quien, faltaba más, tampoco se da por aludido: en entrevista posterior el médico se deslindó diciendo que esas recomendaciones se las hizo la organización a los ciudadanos, no a él.

Con la pena pero, como particular que se va de vacaciones —a lo cual, si descartamos el pésimo timing, tiene todo su derecho—, López Gatell es igual de inconsciente e irresponsable que como médico y como funcionario público: al tiempo que, 10 meses tarde, finalmente nos pide que usemos tapabocas y nos quedemos en casa, él se sube a un avión y se sienta en concurrido restaurante playero sin sombra alguna de mascarilla. Todo esto cuando los contagios, las hospitalizaciones y las muertes por las fiestas apenas están por llegar.

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