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FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Difícil hablar del presupuesto en las vacaciones de Navidad. Afortunadamente, todos estamos en otra cosa. Pero sin siquiera hablar del terrible accidente de la gobernadora de Puebla y su esposo y de sus implicaciones, en enero habrá muchos temas nuevos sobre la mesa. AMLO va a tal velocidad, que el gran triunfo que representa la aprobación de su presupuesto para el 2019, puede olvidarse rápidamente.

Sin embargo, no es menor el hecho de que presentara un presupuesto austero, bien recibido por los mercados, y que lograra que no se modificara ni una coma de los recursos solicitados para sus proyectos centrales. Ante la presión de las universidades, estados, municipios y agrupaciones campesinas, para cuadrar las cifras de los aumentos que les dieron respecto a lo enviado por AMLO, los legisladores simplemente asumieron que se podía lograr una mayor recaudación para generar 23 mil millones de pesos más y les quitaron a los entes autónomos. Ningún recorte en los temas prioritarios de AMLO.

El Presidente puede afirmar, sin ruborizarse, que estos recortes son porque así lo dispuso la Cámara de Diputados. En estricto sentido legal, tiene razón. Lo increíble es la disciplina de los legisladores de Morena y de sus aliados. A la vieja usanza priista, pusieron en marcha la aplanadora y, por primera vez desde hace 13 años, la votación del presupuesto no incluyó una parte importante del voto de la oposición. La práctica de dejar a todos contentos repartiendo fondos a favor de programas que pueden gastar directamente los diputados, lo que originaba los vergonzosos moches, también ha quedado atrás. Ésta no es la razón del enojo entre ciertos sectores afectados por el recorte, como argumenta AMLO. El trabajador despedido protesta por ese hecho concreto, no porque recibía un moche.

El presupuesto refleja las prioridades de un gobierno. El financiamiento y fortalecimiento de los órganos autónomos no lo son. Por un lado, porque el resto del gobierno está bajo un agresivo apretón de cinturón, y en estos órganos autónomos los gastos han sido excesivos y en muchos casos abusivos, como hace ocho años Ana Laura Magaloni y yo documentamos en un libro que editamos, intitulado El uso y abuso de los recursos públicos (https://bit.ly/2T8Svqn). Por otro lado, porque un objetivo de AMLO es debilitarlos para que le impongan los menores límites posibles, y dichos excesos le allanan el camino frente a buena parte de la opinión pública.

AMLO obtuvo su presupuesto. Lo ha celebrado y ha prometido que éste garantiza justicia y crecimiento económico. Justicia en sus términos la podrá lograr a la hora de implementar sus principales programas sociales: repartir dinero a los adultos mayores, a los discapacitados, a los jóvenes sin empleo ni trabajo, a los estudiantes a través de becas. Que estos programas sean la mejor forma de apoyar a quienes menos tienen es discutible. Me parece que, si no son complementados por un Estado que provea seguridad, salud y educación de calidad para todos, su impacto será mucho menor del esperado por AMLO: garantizan una clientela política leal y estable, eso sí, pero no desarrollo.

Más información: http://bit.ly/2ET7txD

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