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FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Una y otra vez el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que será paciente en la negociación con el magisterio sobre la reforma educativa.

En la última semana ha comenzado, sin embargo, a pintar rayas que no piensa saltarse, más allá de la presión de la CNTE y las recientes expresiones de Elba Esther Gordillo sobre la reforma.

Habló, por ejemplo, de simplemente abrogar la reforma peñista, pero no del todo. El fin de semana, en Campeche, dejó claro en qué no está dispuesto a ceder.

“Lo único también que le digo a los maestros con toda claridad, porque me gusta decir las cosas por su nombre y siempre digo lo que pienso, mi pecho no es bodega. Lo único que no van a manejar los líderes sindicales es la administración de las plazas, porque eso se acaba ya. El que quiera negociar plazas, ese mercado de plazas ya se acabó… Y lo mismo, la nómina para pagar a los maestros se va a federalizar, nada de que la nómina va a estar en manos de dirigentes sindicales, ni siquiera de gobiernos estatales. Se va a manejar desde la Federación para que no les falle el pago a los maestros y para que no haya desvío de recursos”.

Eso, por supuesto, quiere decir que lo de abrogar o cancelar la reforma educativa del sexenio anterior no es del todo preciso.

De hecho, la reforma de Enrique Peña tenía como uno de sus objetivos, logrado a medias, terminar con la descentralización administrativa de la educación que comenzó Ernesto Zedillo, primero desde la SEP y después desde Los Pinos a partir de 1992.

Más información: http://bit.ly/2UAsxkW

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