Recomendamos: ‘Sobre la tiranía’, por Gil Gamés

Gil bajaba el telón de la semana con un creciente temor a la crucifixión. Aun así, la esperanza de los días de guardar dejaba una llama encendida en su alma incrédula. Así iba Gil caminando por la duela de cedro blanco hacia la mesa de novedades, ese lugar de las primicias que brillan con luz propia. Encontró en lo alto de una pila de libros Sobre la tiranía, un ensayo ejemplar de Timothy Snyder (Galaxia Gutenberg, 2018). Veinte lecciones que aprender del siglo XX, de las cuales Gilga extrae fragmentos, párrafos, pequeñas piezas aleccionadoras.

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No obedezcas por anticipado.

La mayor parte del poder del autoritarismo le ha sido otorgado libremente. En tiempos como estos, los individuos se anticipan a lo que querrá un gobierno más represivo, y después se ofrecen sin que nadie se los pida. Un ciudadano que se adapta de esa manera está enseñándole al poder lo que es capaz de hacer.

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Asume tu responsabilidad por el aspecto del mundo.

Los símbolos de hoy hacen posible la realidad de mañana. Fíjate en las suásticas y demás signos de odio. No apartes la mirada ni te acostumbres a ellos. Retíralos tú mismo y da ejemplo para que otros lo hagan.

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Recuerda la ética profesional.

Cuando los líderes políticos dan mal ejemplo, el compromiso profesional con las buenas prácticas adquiere mayor importancia. Resulta difícil subvertir un estado regido por el imperio de la ley sin abogados, o celebrar juicios farsa sin jueces. Los autoritarios necesitan funcionarios obedientes, y los directores de los campos de concentración buscan empresarios interesados en la mano de obra barata.

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Desconfía de las fuerzas paramilitares.

Cuando los hombres armados que siempre han afirmado estar en contra del sistema empiezan a llevar uniformes y a desfilar portando antorchas y retratos de un líder, el final está cerca. Cuando las fuerzas paramilitares partidarias de un líder se entremezclan con la policía y las fuerzas armadas oficiales, ha llegado el final.

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Desmárcate del resto.

Alguien tiene que hacerlo. Es fácil hacer lo mismo que todo el mundo. Puede resultar extraño hacer o decir algo diferente. Pero sin esa incomodidad, no hay libertad. En cuanto alguien da ejemplo, se rompe el hechizo del statu quo, y otros le seguirán.

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Cree en la verdad.

Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar el poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes.

Más información: http://bit.ly/2X8IBHA

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