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Imagen: Internet

Las constituciones y las instituciones no bastan para garantizar la vida de una democracia, dijo Steven Levitsky en su conferencia de la cátedra Mario Ojeda del Colegio de México, que glosé ayer.

La salud democrática descansa en dos reglas no escritas sin cuya observancia las democracias tienden a destruirse desde dentro.

Esas reglas son la tolerancia incluyente del adversario y la autocontención en el uso de las propias facultades legales.

La tolerancia incluyente quiere decir la aceptación de la legitimidad de las ideas, las razones y las causas del adversario político. Descansa en el supuesto de que las diferencias políticas, a menudo inconciliables entre partidos y candidatos, son solo eso: diferencias entre adversarios legítimos, no amenazas existenciales de uno para otro, no un juego de suma cero en la que hay que vencer al precio que sea.

La autocontención institucional es una regla aún más delicada y sutil. Se trata de que los actores no utilicen hasta sus últimas consecuencias los poderes que les otorga la ley, que no usen su mayoría para aplastar a la minoría, el poder ejecutivo para avasallar o saltarse al legislativo y al judicial, ni estos enderecen todos sus recursos a bloquear o derribar al ejecutivo.

Levitsky llama al uso extremo de las facultades legales “dureza constitucional” (constitutional hardball) y se refiere al hecho sutil de que puede aplicarse a rajatabla la letra de la ley para violar su espíritu.

Más información: http://bit.ly/384ST1p

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