Recomendamos: El recuento de los reveses, por Francisco Garfias

Foto: Cuartoscuro

A las 4:26 de la tarde de ayer salió el diputado panista Marco Adame del salón donde sesionaba la Comisión Permanente en el Senado. Su cara reflejaba la expresión del triunfador.

Anticipaba lo que vendría minutos después en la votación: por segunda vez en 24 horas, el bloque de contención (PAN-PRI-PRD-MC) paró en seco la maquinaria de Morena y sus aliados en el Congreso. Por un voto, los oficialistas no alcanzaron la mayoría calificada (dos tercios de los presentes) para convocar un periodo ordinario de sesiones que apruebe la ley secundaria para la revocación de mandato que, por ley, deberá realizarse el cinco de marzo de 2022.

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Desde el inicio del largo y ríspido debate se sabía que ni con sus aliados, Morena alcanzaría la mayoría calificada para convocar el extraordinario.

Los 37 integrantes de la Comisión Permanente estaban todos presentes. Trece son de oposición. Morena y aliados necesitaban 25 votos. Les faltó uno.

No tenía sentido que la sesión se prolongara por horas. La votación estaba perfilada desde el inicio de la sesión. “Tienen que demostrarle al Presidente que se murieron en la raya”, nos explicó el panista Adame.

El integrante de la Mesa Directiva de la Comisión Permanente se enteró que el pasado miércoles, a mitad de la sesión, hubo una llamada desde la Presidencia para presionar la aprobación del extraordinario.

Eso cohesionó al bloque de contención.

Oradores del PAN, PRD, MC y PRD dejaron claro que no están en contra de la revocación de mandato como tal, sino en la forma como el partido oficial quiere sacar la ley secundaria.

Alegan que la pregunta está diseñada para favorecer la ratificación —no la revocación— de mandato, y que evade del tema de la pérdida de confianza.

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Los reveses de Morena, miércoles y jueves en la Permanente, se suman a las varias batallas perdidas por el Presidente no sólo en el Congreso, sino también frente al Poder Judicial y otros órganos autónomos.

Estamos hablando de las congeladas leyes de la Industria Eléctrica y la de Hidrocarburos para devolver el monopolio a Pemex y la CFE, a costa del desarrollo de las energías limpias.

Del revés en su empeño de ampliar dos años el mandato del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, aún en contra de la Constitución que limita a cuatro años la duración en ese cargo.

López Obrador dice que el Poder Judicial “está podrido” y que sin Zaldívar en la presidencia de la SCJN, la reforma al Poder Judicial no se concretará.

En este recuento de los reveses incluimos el retiro —por el INE y el TEPJF— de  las candidaturas de Félix Salgado, en Guerrero, y de Raúl Morón, en Michoacán. Pero también las tres diputaciones federales que ese mismo tribunal le quitó a Morena por encontrar irregularidades.

A todo eso hay que sumar la destitución del magistrado presidente del Tribunal Electoral, José Luis Vargas, aliado de la 4T.

Esos tropiezos han llevado al jefe del Ejecutivo a radicalizarse, a emprender una cruzada para desaparecer órganos autónomos que le estorban y hacerlos a su modo.

Ya se anuncia una reforma constitucional para barrer con  los consejeros del INE y magistrados del Tribunal Electoral, por no plegarse a los caprichos de López Obrador. “No son demócratas”, dice.

Otra para fusionar la Guardia Nacional con la Sedena, so pretexto de impedir que se eche a perder, como la Policía Federal. Una más para fortalecer a Pemex y a la CFE.

Pero no será tan fácil. El seis de junio el elector no le dio al partido Morena la mayoría por sí solo en la Cámara de Diputados.

Mucho menos la mayoría calificada que se requiere para cambiar la Constitución ni con el apoyo de sus aliados. A menos, eso sí, que líderes de la oposición con cadáveres en el clóset le otorguen los votos necesarios para alcanzarla.

No tardaremos en saberlo.

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