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De manera similar a lo que sucedía en los tiempos de la hegemonía priista del siglo pasado –aunque de manera reforzada–, el oficialismo confunde al país con su proyecto político.

Eso se nota nítidamente en la reciente divulgación de la lista de las propuestas del Presidente para representar a México en el exterior, pues está plagada de personas que han demostrado tener un compromiso personal con él antes que la capacidad para desempeñarse en un cargo diplomático.

El 20 de agosto pasado, en su conferencia mañanera, Andrés Manuel López Obrador ya había dado muestras que esa sería la tónica a la hora de proponer embajadores y cónsules generales, que por ley deben ser ratificados por el Senado.

Ese día, el mandatario anunció que se desecharía el nombramiento de la escritora Brenda Lozano como representante cultural en España, que había sido anunciado por la Secretaría de Relaciones Exteriores. La decisión surgió de la crítica que ella recibió en redes sociales por haber manifestado desacuerdos con la postura del gobierno hacia el movimiento feminista.

“Es un asunto de moralidad, de congruencia”, afirmó López Obrador. “Si no se está de acuerdo con nuestro proyecto, ¿cómo nos van a representar?”.

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