Recomendamos: Pólvora sobre la UNAM, por Carlos Marín

Foto: DGCS/UNAM

Antier, al hablar sobre la corrupción, el presidente López Obrador dijo que “lo que se hace aquí” es un “ejercicio de denuncia. A veces algunos se molestan porque se dan nombres y se hacen juicios sumarios sin que haya pruebas. Sí, está mal. Hay que moderarnos en eso, hay que tener elementos, pruebas…, pero ayuda que se ventilen estas cosas. Es preferible que haya demasía de denuncia a que guardemos silencio…”.

Pese al remate, pareció una insólita autocrítica porque no ha dejado títere con cabeza en su patíbulo mañanero (estancias infantiles, laboratorios, clase media, “neoliberales”, organismos autónomos, foristas del Conacyt, Genaro García Luna, Salvador Cienfuegos, agrupaciones civiles, ex presidentes, filántropos y un largo etcétera).

El gozo se fue al pozo un día después. Ayer, cuando hablaba de su conciencia tranquila, soltó:

“Quisiera avanzar más. No puedo porque fue mucho tiempo de atraso, de saqueo, pero además de manipulación. Afectaron dos generaciones en las universidades públicas. Hasta la UNAM se volvió individualista, defensora de estos proyectos neoliberales; perdió su esencia de formación de cuadros, de profesionales para servir al pueblo”

Y dejó ver que desconoce lo que brinda y cómo funciona su alma máter:

 “Ya no hay los economistas de antes, los sociólogos, los politólogos, los abogados; ya no hay derecho constitucional; ya el derecho agrario es historia, el derecho laboral. Todo es mercantil, civil, penal, todo es esto. Entonces, sí fue un proceso de decadencia…”.

Pero derecho constitucional y derecho laboral solo son dos de ¡20! licenciaturas en leyes que pueden estudiarse en la UNAM, entre al menos 113 carreras, 30 programas de especialización y 40 de posgrado, además de varias profesiones técnicas y el bachillerato en el CCH y la Escuela Nacional Preparatoria.

¿Tan “individualista”, “neoliberal” y censurable es la universidad en que estudió AMLO que en ella se formaron, entre muchos otros de sus cercanos, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde; el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas; el embajador ante la ONU y ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, y la jefa del Gobierno capitalino, Claudia  Sheinbaum?

El nuevo ataque a la UNAM no es un descuido.

López Obrador la trae contra las universidades públicas porque en ellas radica y se genera gran parte de la inteligencia, del saber y el conocimiento. Son punto de contacto de todos los estratos económicos y sociales por su papel extraordinariamente relevante en la movilidad social (más de 50 por ciento de los estudiantes –lo mismo en el Poli, la UAM y otras– son primera generación universitaria en sus familias).

El reproche implica ignorar que las decisiones y los planes de estudio los elaboran órganos colegiados (Consejo Universitario y consejos técnicos en cada escuela y facultad), donde están representados académicos, estudiantes, autoridades y trabajadores.

Se juega con fuego: atacar a la UNAM enciende una mecha que nadie sabe cuándo se apagará…

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