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Foto: EFE

Fue una mañanera para el desaliento. La demora en el abasto de la vacuna de Pfizer que anunció ayer el Presidente ralentiza el Plan Nacional de Vacunación.

En consecuencia, está en duda la meta oficial de inmunizar a toda la población de adultos mayores antes de que termine marzo. “Dependerá de la disponibilidad”, dice ahora López Obrador.

Este martes llega la mitad de las vacunas anunciadas por la farmacéutica estadunidense —alrededor de 200 mil— y hasta dentro de tres semanas tendremos un nuevo cargamento que repondrá las dosis retrasadas.

Un lapso que podría ser de vida o muerte para el personal sanitario que está en primera línea de la batalla contra covid.

“Lo que necesitamos es puntualidad, coherencia. No que disminuya, sino que se vaya ampliando día con día”, nos dijo el doctor Samuel Ponce de León, coordinador de la Comisión de Respuesta al Covid-19 de la UNAM.

La consecuencia de la suspensión obligada del programa de vacunación es que se retrasa todo el esquema. Se retarda más la vacunación a una población que de urgencia requiere su dosis.

El doctor Ponce de León hace cálculos y llega a un número: si tomamos como base 500 mil dosis por semana y el retraso se extiende a cuatro semanas, estaríamos hablando de un millón de vacunas que se aplicarían más tarde.

El también coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud no quiso entrar en especulaciones sobre el costo de este retraso ni la participación de los “servidores de la nación” en las brigadas de vacunación.

Sugirió, eso sí, utilizar estas tres o cuatro semanas para optimizar el sistema de distribución de vacunas. “Que no esté suministrado por un solo proveedor”, dijo.

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En la mañanera, el Presidente declaró que Pfizer redujo la entrega de la vacuna en todo el mundo porque la ONU ha pedido que se entreguen vacunas a países que tienen más dificultad. “Por eso Pfizer está reduciendo la entrega”, dijo.

Fuentes de la farmacéutica nos aseguran, sin embargo, que la baja en el abastecimiento de las dosis, a nivel mundial, nada tiene que ver con los países pobres ni con la ONU.

“Pfizer va a ampliar la planta de vacunas en Bélgica. Eso implica parar la producción. Viene un retraso para todos los países, incluido México”, nos dicen.

“¿Cuál es el tema? El compromiso del contrato con México se va a cumplir. Los tiempos de entrega son los que cambiaron. Digamos que al cierre del primer trimestre sí se van a entregar las dosis pactadas”, aseguran.

Y más: “Son tres semanas en las que se deja de entregar vacunas. Ya después llegarán el doble o el triple para cumplir con el compromiso. Esos son los datos duros”.

De lo que no tienen ni idea es de dónde salió la versión de que México aceptó la reducción de la entrega de las vacunas Pfizer para que los países pobres tengan acceso a ellas.

“No se trata de eso. Es un tema de que necesitan parar la planta para meter más infraestructura”, aseveraron.

Sobre la reacción del gobierno federal ante el anunciado retraso nos dicen que el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ha sido coherente y lo ha tomado bien.

“En la parte de Salud tampoco hay reacción negativa. Imaginábamos algo más fuerte. Ha habido comprensión”, puntualizan.

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