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FOTO: CUARTOSCURO

El viernes se cumplirán cuatro meses de la atropellada toma de protesta de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Ese tiempo ha sido suficiente para que se cumplan los pronósticos más ominosos sobre la conversión de ese organismo autónomo en un apéndice del oficialismo.

La CNDH ha estado completamente alejada de los principales temas en que se requeriría su presencia, como son la migración, la libertad de expresión, el abasto de medicamentos, los derechos de las mujeres y la búsqueda de los desaparecidos (que no sean miembros de la familia o camaradas políticos de la señora Piedra Ibarra), entre otros.

Apenas entró en funciones la nueva titular de la CNDH, cinco miembros del Consejo Consultivo del organismo prefirieron renunciar para no comprometer su fructífera trayectoria en la defensa de los derechos humanos, entre ellos Mariclaire Acosta Urquidi y Alberto Athié Gallo.

Los renunciantes argumentaron que “una ombudsperson carente de legitimidad será incapaz de establecer una interlocución válida con los distintos actores involucrados en la observación, protección y promoción de los derechos humanos”. El tiempo les ha dado la razón.

Ayer, el doctor José de Jesús Orozco Henríquez, parte del mismo Consejo Consultivo –así como integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM y excomisionado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos–, decidió tomar el mismo camino.

En una carta, Orozco afirmó que “a más de cien días de haber tomado posesión (…) la gestión de la maestra María del Rosario Piedra Ibarra como titular de la propia CNDH se ha caracterizado por 1) obstrucción de las atribuciones del Consejo Consultivo; 2) desapego e inobservancia del marco legal aplicable, y 3) lo más grave, omisiones que se han traducido en que la CNDH no cumpla cabalmente con la misión constitucional de protección de los derechos humanos de las víctimas”.

Lo anterior, agrega el jurista, “impide que el Consejo Consultivo ejerza sus atribuciones constitucionales y legales, y que la CNDH funcione adecuadamente, lo cual me lleva a la convicción de que en estos momentos soy más útil a la causa de los derechos humanos desde la academia”.

Como bien señala Orozco, el país requiere de una Comisión independiente y eficaz para hacer frente a la crisis de derechos humanos por la que atraviesa el país. Es una pena que se encuentre alejada de los ciudadanos que requieren de su asistencia y desarticulada para servir de contrapeso ante los abusos de poder que se multiplican día con día.

Si la idea fue poner a una militante de Morena al frente de la CNDH para inmovilizarla y no molestar al gobierno, la maniobra ha resultado todo un éxito.

Más información: http://bit.ly/2THVuJK

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