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Foto: Getty Images

Una amiga de todas las luchas de la izquierda me dijo al teléfono: nos equivocamos. Se refería a Nicaragua, a su historia, a la lucha contra Somoza. No quise apoyar con abuso su rectificación, pero tenía razón.

Me pregunté por el espíritu de Julio Cortázar, que le dedicó sus últimos años a la lucha sandinista, a su lealtad y su fidelidad por el cambio y la esperanza en Nicaragua. También es verdad que pensé en Octavio Paz, a quien tanto criticamos en esos días porque sostenía que la Junta Sandinista traía ya la semilla del totalitarismo. Le tocó a Paz que su efigie fuera quemada en una manifestación. Paz tuvo razón.

La misma amiga del teléfono, militante de mil batallas me dijo: y pensar que era un escándalo que Fulgencio Batista se robara siete años en el poder. Los Castro lograron 62 años. Daniel Ortega ha logrado manipular las banderas para dirigir los destinos nicaragüenses durante 42 años, más menos. Era una ilusión. Murió.

La represión actual en Nicaragua supera cualquier recuerdo de las que en otros tiempos se vivieron, afirma Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos. Cinco precandidatos presidenciales detenidos, periodistas acosados y encarcelados. Bachelet ha sido contundente: “No solo no presenta visos de ser superada, sino que (la represión) se ha agudizado de manera alarmante”. La Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU cree que los nicaragüenses no están en condiciones de ejercer su derecho a elegir libremente en los comicios de noviembre, en los que el presidente Ortega busca su reelección.

La izquierda miserable no cede sus territorios, busca el totalitarismo y el exterminio de la democracia. Dice Vilma Núñez: “es materialmente imposible manifestarse, porque el país vive en un estado de sitio. Nadie puede manifestarse en grupos ni de dos o tres personas porque inmediatamente son acosados por la policía o por fuerzas paramilitares. Desde que oficialmente prohibieron cualquier tipo de manifestación pública es más difícil salir a la calle. Y también están allanando casas. Hay una represión increíble”.

No puede uno sino preguntarse cuál será la postura mexicana. El gobierno llamó a su embajador, que hace un relato largo. ¿Protestará nuestro gobierno por la represión en Nicaragua?

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