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Washington, 8/7/2020. El presidente de México Andres Manuel Lopez Obrador, en la Casa Blanca. Foto: EFE/EPA/Al Drago

Se ha cumplido año y medio del gobierno de AMLO y dos años de su victoria en la elección presidencial. ¿Cómo va México? Muy mal. Hay pocos aciertos y buenos resultados, mentiras varias y relevantes, y muchos más errores y consecuencias negativas.

Aciertos y buenos resultados (me refiero al gobierno federal y al partido del presidente en el Congreso federal): el aumento al salario mínimo, una reforma sindical con potencial democrático, una reforma contra la “industria” de los recibos fiscales fraudulentos, una propuesta de ley de etiquetado informativo de alimentos, y poco más. Sobre el salario mínimo hay que agregar que uno o dos aumentos como el realizado son insuficientes, no deben ser en sí mismos el objetivo final, y que hubo apoyo de representantes empresariales.

Mentiras: cuatro fijas y relevantes: 1) todos sus críticos son conservadores/derechistas y corruptos/defensores de la corrupción. Algunos lo son, muchos otros no. 2) Los críticos y opositores pretenden llevar a cabo un golpe de Estado. Pero ni hay condiciones para un verdadero golpe de cualquier tipo ni hay verdadera evidencia de ningún tipo para afirmar lo que afirman. 3) El Instituto Nacional Electoral (INE) no garantiza elecciones democráticas y es parte del golpismo. Y sin embargo… López Obrador triunfó en una elección organizada por el INE; obtuvo el poder presidencial no a pesar del Instituto, ni luchando contra él, sino por haber obtenido más votos que sus competidores en una elección democráticamente garantizada por el INE. 4) El triunfo en 2018 es la primera victoria electoral de “el pueblo” en un siglo y el inicio de “la democracia verdadera” en México.

En realidad, se ha tenido un régimen democrático durante todo el siglo XXI y la llegada de López Obrador al poder es la tercera alternancia partidaria en la presidencia. Tercera alternancia democrática. Antes de AMLO, sí hubo una transición a la democracia, lo que no hubo es consolidación democrática; hubo, entonces, transición pero casi de inmediato deterioro político-institucional, relevante y constante.

Errores y consecuencias negativas, en cuanto a democracia, violencia, economía y pandemia: como se sigue del punto 4, no hay gran reforma política democratizadora. AMLO y su brazo legislativo no han democratizado la vida político-partidaria mexicana, tampoco han hecho nada para mejorar sustancialmente el federalismo. El presidente ha simulado tomar decisiones más democráticas apelando retóricamente al “pueblo” mientras instrumenta “consultas populares” que reprueban cualquier examen exigente (lea esto y esto). También está intentando recentralizar poder en el Ejecutivo federal. Hoy no hay ni primera ni nueva transición democrática y sigue habiendo deterioro del régimen democrático. Los ataques al INE son parte de ese deterioro y del riesgo de caída de la democracia/restauración autoritaria –el riesgo no es de desconsolidación, pues a) este proceso incluye al deterioro pero no necesariamente viceversa, y b) nunca hubo consolidación cabal sino mera supervivencia en medio del deterioro.

Más información en: clarin.com

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