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Foto: Cuartoscuro

Dejó de ser gracioso el show mañanero del Presidente. El país hace agua porque López Obrador no sabe gobernar ni escucha a los de su entorno que sí saben. El naufragio es inminente.

La economía acumuló cuatro trimestres seguidos con crecimiento negativo y eso cierra las oportunidades de empleo: menos ingresos al fisco, más informalidad y delincuencia.

Mientras el resto del mundo crece y genera desarrollo, aquí vamos en sentido contrario y nuestras máximas autoridades piensan que los equivocados son los otros.

Ahí viene el coronavirus, que disminuirá la actividad económica mundial, y aquí escasean hasta los kleenex en los hospitales por una austeridad inhumana –como la señaló el exdirector del Seguro Social, Germán Martínez–, y por gastar el dinero en las ocurrencias del Presidente.

Hay un problema peor que la economía, para el que no hay respuesta ni la menor idea de cómo enfrentarlo: la inseguridad y la violencia.

Fracasó la fantasía de que los capos se iban a portar bien con la llegada de López Obrador al poder: aceptaron los abrazos y comenzaron la toma del país con una crueldad espeluznante mientras AMLO quiere tapar el problema con homilías fuera de lugar.

En el sur, Guerrero concretamente, los campesinos desamparados por la falta de apoyos del austero gobierno del presidente López Obrador, se agrupan y toman las armas.

Los alcanzó la desesperación por el mal gobierno y la caída de los precios de la goma de opio (amapola) ante la irrupción del fentanilo, como lo explicó brillantemente ayer en estas páginas Raymundo Riva Palacio.

Vimos, la semana pasada, lo que jamás había sucedido en México. El embajador de Estados Unidos, Christopher Landau, regañó públicamente al gabinete de seguridad de nuestro gobierno “por las cosas atroces que están pasando aquí y así no podemos continuar. Como sociedad no podemos aceptar lo que está pasando. No estamos aquí para hablar. Estamos aquí para dar resultados. No podemos aceptar lo que está pasando”.

Y se quedan tan campantes. No les da vergüenza. Como no tienen capacidad de respuesta ante el crimen, menos la tienen para dar una respuesta digna de un país soberano al embajador de Estados Unidos.

Lo único que tienen son palabras. Rollo, para decirlo con todas sus letras.

“Estamos atacando las causas”, dice el Presidente y seguramente cree que lo hace bien. Está equivocado.

Más información: http://bit.ly/37XDTBr

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