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Una de las prendas más preciadas de toda comunidad o país es la unidad en torno a lo fundamental. La civilid democrática y el sentido de supervivencia de una nación obliga a acotar los espacios de la disputa y la diferencia. Hay intereses por encima de todo y de todos. Es cuestión de madurez política entenderlos y asumirlos. Lo normal es el debate, la disputa, la crítica de la oposición respecto a quien detenta el poder;; empero hay momentos, circunstancias y temas que obligan a un objetivo común. No es que el gobierno se imponga y la oposición se someta, sino que se construya un punto de encuentro a partir de la convicción compartida de que lo que hay q cuidar se impone a la cíclica competencia por el poder.

En perspectiva histórica, al país le ha significado un elevado costo la fragmentación o la confrontación. Con dificultad hemos aprendido que el interés del país debe asumirse como un objetivo común. El arribo de la democracia ocurrió por aproximaciones sucesivas y en un largo periodo de negociación dominado por la desconfianza y la impaciencia de la oposición, y la arrogancia de quienes detentaban el poder. Momentos luminosos y visionarios los hubo de unos y otros, se avanzó significativamente y se alcanzó la normalidad democrática al margen de la ruptura y la crisis institucional, pero se heredaron hábitos poco avenidos a los valores democráticos: la cooptación y el chantaje cobraron más espacio del debido. Así se ha llegado a una democracia imperfecta, eficaz para elegir, insuficiente para legitimar y legitimarse a sí misma.

Lo mismo ha ocurrido al interior de los partidos. Éstos importan y mucho, porque son los pilares de la democracia representativa. Pero las reglas del juego ellos las han definido y eso significa un régimen de privilegios contrario al interés ciudadano. Unos partidos han nacido en la democracia, otros han transitado a ésta, pero ninguno ha interiorizado los valores propios de la democracia liberal. Es difícil tener una democracia vigorosa si los partid se vuelven maquinarias rígidas, distantes de la sociedad, cargadas de oportunismo político y orientadas a ganar el poder como un objetivo en sí mismo.

Más información en: Milenio.com

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