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Dos años después de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) noqueara a sus rivales en la elección presidencial mexicana, empieza a surgir desde los estados un movimiento de oposición encabezado por los gobernadores.

Es el primer contrapeso político-electoral que enfrenta el poderoso mandatario. La sola posibilidad de ver unidos a todos sus rivales lo ha exhibido temeroso, a la defensiva, polarizando aún más y denunciando conspiraciones falsas para quitarle el poder.

De los 32 estados que hay en México, 25 son gobernados por la oposición. Después de arrasar en la elección presidencial, AMLO recorrió todas las entidades y empezó a trazar lo que sería su relación con los gobernadores: los invitaba a sus mítines y, como estaban llenos de lopezobradoristas, los gobernadores eran abucheados… hasta que dejaron de asistir.

Fue todo un símbolo: la oposición había sido derrotada, el presidente la humillaba, y esta prefería desaparecer. Así había estado este año y medio de gestión de AMLO, en el cual su popularidad ha caído 20% y su gobierno ha fracasado en sus tres promesas centrales: mejorar la economía, reducir la inseguridad y acabar con la corrupción… pero de la oposición, nada.

Hasta que llegó la pandemia. AMLO quedó exhibido internacionalmente en la corta y vergonzosa lista de los mandatarios que no tomaron en serio el peligro. Y cuando empezó a crecer la curva, el gobierno se mostró errático, contradictorio y mentiroso: México es hoy uno de los países del mundo con más muertes —casi cuatro veces más de las pronosticadas al inicio por el gobierno federal— y con los peores augurios de colapso económico.

En medio de la desgracia, el presidente declaró que la pandemia le “cayó como anillo al dedo”, pues le permitiría profundizar la transformación que desea para el país. En realidad, le cayó como anillo al dedo a sus opositores.

La inacción del gobierno federal para contener el golpe sanitario y económico de la pandemia —y su decisión de reabrir la economía cuando los casos siguen en aumento—, sumada a una criminalidad que luce fuera de control, ha detonado que la mitad de los gobernadores de oposición se aglutinaran en dos bloques. Uno de ellos es de puros mandatarios del Partido Acción Nacional, y el otro tiene integrantes de varios partidos: Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC). Empieza a haber oposición en México, pero está aún por demostrarse si pervivirá.

En franco choque con una administración federal cruzada de brazos, los gobernadores han tenido que actuar ante la pandemia. Están haciendo frente a las fallidas cifras federales de contagios y muertos con conteos propios, han anunciado programas de rescate económico de empresas y empleos que no impulsó el gobierno central, y han establecido sus propias rutas de reapertura de la economía.

Los gobernadores tienen además otras motivaciones: varios de ellos terminan sus mandatos y están en el juego electoral de sus propias sucesiones. Ante el vacío de figuras opositoras nacionales, pueden aspirar a ser “presidenciables” en las elecciones de 2024: muchos están pasando una buena racha de popularidad por tomarse más en serio la pandemia que el presidente, y han logrado rebasar a las dirigencias nacionales de sus partidos, que lucen aún aletargadas y sin lograr impacto en la discusión pública.

Más información: https://wapo.st/2YHvyA9

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