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Foto: Twitter

En otros tiempos, la machoexplicación (mansplaining) del miércoles del subsecretario Hugo López-Gatell a la senadora Alejandra Reynoso Sánchez por su presunta falta de atención para entender la danza de las cifras en torno al covid-19 podría haber sido sólo un momento anecdótico, una escena más para las crónicas parlamentarias, una pincelada sobre el perfil anímico del personaje.

Pero hoy, en tiempos de la paridad legislativa y de la violencia política de género, la arrogancia del funcionario derivó en una formal protesta de la bancada del PAN ante el jefe de Morena, Ricardo Monreal, quien se defendió alegando que la oposición actuaba de forma grosera con los representantes del gobierno y amenazó con cancelar las futuras comparecencias.

El experimentado líder de la mayoría en el Senado recurrió, incluso, al chantaje emocional con los panistas, al sugerirles que no se inconformaran con la escena gatelliana y les contó haber convencido, con súplicas de por medio, a su compañera de partido y presidenta de la Mesa Directiva, Mónica Fernández Balboa, de no presentar denuncia penal en contra de Gustavo Madero, cuando los empujones la alcanzaron en la vergonzosa toma de protesta de la titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra, en noviembre pasado.

Las senadoras panistas, sin embargo, insisten en que el hecho amerita una disculpa pública del subsecretario López-Gatell con su compañera y presentaron este jueves las quejas en la Secretaría de la Función Pública y en el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Seguramente, nunca pasará nada con esos reclamos, exagerados para quienes consideran que el modo doctoral de los varones con las mujeres es un acto propio de la cultura machista y que el mansplaining no equivale a violencia política de género.

Y en el caso de la reunión virtual  del miércoles de López-Gatell con los senadores, hay que aclarar que si bien fue más rudo cuando respondió a los cuestionamientos de las senadoras Reynoso y Nuvia Mayorga (PRI), a quienes les dijo ser representantes del neoliberalismo que dejó tan mal al sistema de salud, también tuvo la palabra pesada con el coordinador de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado.

Pero no sería la primera vez que una legisladora se siente agredida por el tono de descalificación personal y grosero de un funcionario del actual gobierno.

Una situación similar enfrentaron la senadoras Nancy de la Sierra (PT) y Vanessa Rubio (PRI), exsubsecretaria de Hacienda, en una comparecencia con Juan Pablo Graf, titular de la Unidad de Banca, Valores y Ahorro de esa dependencia, quien, por cierto, sí mandó una disculpa pública, después de haberse reído de sus preguntas, ninguneándolas como personas que no sabían de lo que se hablaba.

Ahora, sin embargo, la machoexplicación del subsecretario López-Gatell escaló por el nivel de su encargo y su alta responsabilidad. Pero también porque condensó en una anécdota el desdén que el gobierno tiene hacia el Poder Legislativo. Es cierto que éste ha sido un sello desde que inició el sexenio.

Y, sin embargo, la delicada situación de la emergencia sanitaria subraya con creces la injustificada altanería del subsecretario como representante de un Poder Ejecutivo que, aun en medio de la tormenta del covid-19 y sus consecuencias, ha decidido prescindir del diálogo político y de la relación republicana, propia de una democracia constitucional como la nuestra.

Por eso el reclamo panista marcó una tensión sin antecedentes en los 21 meses que lleva esta legislatura y en la que Ricardo Monreal se ha caracterizado por procurar un clima de conciliación que, sin embargo, hoy en la polarizada coyuntura ya no pudo sostener por el grado de subordinación que desde Palacio Nacional se le reclama a los legisladores.

Es un asunto de fondo porque, en el forcejeo, la respuesta de Morena ha sido darse un balazo en el pie cancelando –ese fue el amago– la función de control constitucional del Senado, lo que significa renunciar al diálogo con el Ejecutivo.

Y aun cuando todo quede en el plano simbólico, la carta que ahora preparan las legisladoras de oposición, reclamándole una disculpa a López-Gatell, ilustra con creces ese riesgo del que apenas ayer hablaba la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, al advertir que las democracias en América Latina pueden convertirse en víctimas silenciosas del covid-19.

En un foro virtual convocado por el INE y la Fundación Kofi Annan, la exmandataria alertó del peligro que para las libertades y el ejercicio de la ciudadanía conlleva la pandemia cuando se acentúan los conflictos entre los poderes del Estado y, en vez de construir soluciones de colaboración, los gobiernos prescinden de ésta.

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