Recomendamos: En cámara lenta, por Carlos Elizondo Mayer-Serra

Foto: José Méndez/Shutterstock

Nunca hemos enfrentado algo similar: una caída del 17 por ciento del PIB respecto al trimestre anterior. Si este desplome durara un año, llevaría a una contracción del 53.2 por ciento. El confinamiento ha acelerado, además, la destrucción de una parte de la economía tradicional que ya estaba siendo minada por el cambio tecnológico.

Aunque la economía se colapsó de golpe, nos iremos dando cuenta de las implicaciones en una suerte de cámara lenta. Conocemos los desastrosos datos, pero las trágicas historias de vida tras los desempleados y los muertos son poco perceptibles desde el encierro.

Algo parecido sucedió con la llegada del virus. Sabíamos, por el caos en España e Italia, que era un gran riesgo, pero acá muchos pensaban que no nos afectaría y fuimos reaccionando en cámara lenta. El actual rebrote en España es una nueva advertencia.

Nuestro gobierno está en negación. Pensó que la Covid-19 era menos grave que la influenza AH1N1. Ahora ve el colapso económico desde la grada. Neoliberales puros que creen que el mercado se debe ajustar solo.

AMLO dice que lo peor ya pasó. Lo ha repetido en tantas ocasiones que ya parece broma. Quizás ahora acierte en términos de la caída del PIB, ojalá. Pero el hoyo en el que estamos es muy profundo. Los niveles del PIB del trimestre pasado son similares a los que se tenían en el 2010.

La recuperación económica será muy lenta, más que en el resto del mundo, dada la pasividad del gobierno. En el tercer trimestre habrá cierta recuperación sobre el segundo, pero tardaremos mucho en regresar al PIB de cuando AMLO llegó al poder. Con suerte lo veremos al final de su sexenio. Esto si hace bien la cosas. Habremos pasado del crecimiento mediocre al decrecimiento negligente.

La destrucción de empleos ha disminuido. El IMSS reporta que en junio se perdieron 83 mil 311 trabajos frente a los 344 mil 526 de mayo, aún no hay datos oficiales de julio. Pero la contratación de nuevos empleados no se ha dado, y cuando empiece será en cámara lenta. Un primer saldo de la crisis será un aumento de la informalidad como única salida para quienes busquen un ingreso. Incluso en la informalidad los ingresos promedio disminuirán, dada la caída en la capacidad de compra de los mexicanos.

La recuperación será muy desigual. El coronavirus aceleró la eliminación de empresas que ya tenían problemas o de sectores que ya enfrentaban grandes retos. Quebrarán decenas de miles de empresas más y muchas de las que permanezcan, lo harán encogidas y débiles. Un ejemplo son las aerolíneas que, de subsistir, serán una sombra de lo que fueron, con muchos menos aviones y oferta de vuelos para el consumidor.

Las empresas más grandes tenderán a sobrevivir. Ello llevará a una mayor concentración de la actividad económica en pocas compañías.

Este jueves AMLO dijo: “La política de apoyar a los pobres nos ayuda mucho, lo que se decidió de inyectar recursos abajo para que la gente no padezca, que la gente más pobre tenga ingresos”. Le mienten, se miente o nos miente. El Coneval estima que el número de personas en situación de pobreza y pobreza extrema se va a incrementar en por lo menos 9.8 y 10.7 millones, respectivamente, bajo el supuesto de que la economía decrecería 6 por ciento en 2020. Hoy los pronósticos de la contracción andan en casi 9 por ciento.

AMLO ha logrado con la mañanera, el avión, Lozoya, el tapabocas… llevarnos a discutir lo que él desea. El debate político hoy debería centrarse en las estrategias para minimizar esos daños que dejarán profundas cicatrices familiares y sociales.

Su talento político para hacer de Lozoya un gran circo, el desprestigio de los partidos que gobernaron a México en el pasado y el propio confinamiento quizás le han hecho creer que no enfrentará costos políticos mayores el año entrante. Creo que éstos llegarán en cámara lenta y se reflejarán en las elecciones del 2021.

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