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(Foto: Notimex/Isaías Hernández)

Un Presidente enojado con todos y sin base científica alguna levantó la Jornada de Sana Distancia, cuando el país está en semáforo rojo por la pandemia que acumula diez mil muertos por un virus que, según sus palabras, no era grave ni llegaba a influenza.

Ése es López Obrador.

Por falta de preparación o por proyecto, no nos lleva al progreso económico y cultural, sino que trabaja para hacer de México un país de pobres.

En eso consiste su revolución. Destruirlo todo y gobernar sobre una multitud muda, sumisa y dependiente de la caridad del gobierno.

Tan sólo este año la crisis va a aportar a su proyecto entre diez y doce millones de pobres más, que no lo eran.

Él no es culpable de que haya coronavirus, pero sí del manejo irresponsable de la epidemia y de la economía.

Todas sus políticas están orientadas a golpear a la clase media, a los empleadores y a las instituciones que la democracia se ha dado.

Si hay alguna metáfora del momento actual, es la imagen de los padres de niños con cáncer que, envueltos en cobijas y tirados en la calle, pasaron días y noches afuera de la Secretaría de Salud en espera de una cita porque no hay Metotrexato, Ciclofosfamida, Citarabina, Ifosfamida y otras medicinas para sus hijos que batallan contra la enfermedad.

La caridad del gobierno los puede salvar, porque ellos no tienen dinero con qué pagar esos medicamentos que el Estado les proporcionaba gratis. ¿Quieren ayuda? Fórmense con la 4T.

Con los artistas y científicos ocurre lo mismo. Que se destruyan todos los fideicomisos creados para impulsar sus actividades, ordenó el viernes el Presidente. El apoyo va a ser “directo”, dijo, o sea discrecional, a su gusto.

¿Todavía no entienden? Si asumen su condición de clientela del gobierno tal vez tengan apoyos. Y sólo por eso, no por sus conocimientos y aportaciones: “¿Quiénes apoyaron el porfiriato? Pues los científicos”, señaló AMLO.

Así de contaminado está su pensamiento.

Ninguna estrategia ha habido para aliviar el dolor de la población ante el coronavirus, sólo engaños y subregistros de casos que cuando son descubiertos por los medios, nacionales e internacionales, el Presidente los insulta.

El proyecto no pasa por gastar dinero en salud. Ahí ahorran. Él quiere petróleo y residuos (tóxicos) para sacar a la iniciativa privada del sector energético, a como dé lugar.

La semana antepasada AMLO presumió todos los días que le había cobrado a Walmart ocho mil millones de pesos de impuestos atrasados, y abrió una discusión del mejor destino para ese dinero.

Muy bien que los hicieron pagar. Pero esa suma es cercana a lo que pierde, en un solo día, Petróleos Mexicanos: seis mil 178 millones de pesos. Sí, eso perdió Pemex cada día del primer trimestre de este año.

La revolución de López Obrador pasa por destruir al sector privado y en eso está.

Más información: https://bit.ly/2Mkaid6

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