Recomendamos: Don Javier Darío Restrepo y los periodistas de la 4T, por Mayra Jazbeth Martínez Pérez

Foto: EFE

El pasado 6 de octubre falleció uno de los referentes obligados en el análisis de la ética periodística, el colombiano don Javier Darío Restrepo, un maestro de muchas generaciones y un profesional que entregó toda su vida a la promoción de los valores de los medios de comunicación y de los trabajadores de esos medios, así como de los retos que ambos tienen en estos tiempos de comunicación digital.

Su muerte ha dejado un gran pesar en el periodismo iberoamericano, pero el dolor y la tristeza por su ausencia seguramente será aliviado por su obra grandiosa, constituida por múltiples referencias, investigaciones, reportajes, charlas, entrevistas y libros fruto de una carrera profesional de 62 años, en los que pudo imprimir una gran generosidad para compartir conocimientos y experiencias del tema que fue leiv motiv de su vida, el periodismo.

Aunque no lo conocí personalmente, me volví asidua lectora de sus artículos y de sus comentarios en el Consultorio Ético de la Fundación Gabo, originalmente Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, que creó el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez, en 1995. Desde el año 2000 fue nombrado director de ese consultorio ético en el que, con su lucidez e inteligencia, arrojaba luz sobre diversos tópicos periodísticos que llegaban a manera de consulta de todas partes del mundo hispanoparlante.

Tuve la fortuna de enviar y que expertos de la Fundación Gabo atendieran, una consulta sobre los retos y los problemas actuales del periodismo. Ocurrió apenas en febrero pasado, cuando expuse el hecho que los periodistas, que por naturaleza son promotores de la libertad y que deben ejercer la crítica con responsabilidad, pasen de ese ejercicio libertario a ocupar cargos públicos en gobiernos surgidos tras elecciones donde la participación de esos periodistas fue clave para el resultado.

Pregunté concretamente: ¿Es ético que los periodistas que han sido generosos en atender la agenda de la oposición, al triunfo de ésta se les proponga a dirigir medios públicos como la agencia informativa de Estado? Más allá de la calidad del trabajo de esos periodistas, por el sólo hecho de haber resaltado temas a conveniencia de la oposición, ¿existe conflicto de interés entre el periodista y su nuevo potencial empleador? Y voy un poco más allá: ¿deben los periodistas aceptar trabajos en el gobierno después de opinar en contra de los adversarios del mismo, es decir, de su empleador?

Aunque otros expertos en ética periodística tuvieron a bien dar su opinión sobre mi inquietud, como fue el caso de Jorge Cardona y Gumersindo Lafuente, quiero detenerme en la respuesta del hoy ausente pero siempre bien respetado Javier Darío Restrepo, quien, a mi planteamiento, respondió:

“Los periodistas que han vivido esos ofrecimientos de cargos oficiales, saben y testimonian que el primer conflicto que enfrentan es el de su independencia. ¿Qué espera de él quien le ofrece el cargo? ¿Qué sea un propagandista? ¿Qué sea un periodista? Dos profesiones distintas y divergentes. El propagandista atrae adeptos y los retiene; el periodista informa para todos y se propone ser creíble.

Esos dos objetivos: el del periodista y el del propagandista no se pueden unir en una sola persona porque uno, el del propagandista o publicista, es incompatible con el periodista.

A ese dilema se agrega otro: ¿a quién sirvo? ¿Al que me paga o al que me lee? Para ser coherente deberá servir a su lector pero esta posición puede ponerlo en conflicto con el que lo ha contratado.

Gobernantes y políticos suelen pagar favores con cargos, bajo la convicción de que así tendrán de su lado y a cargo de sus asuntos, a incondicionales. Y es aquí en donde aparece el conflicto mayor: el periodista no es incondicional de nadie, salvo de los que reciben su información que, a su vez, reclaman de él para creerle una total independencia. El periodista es alguien que ni se vende, ni se compra porque, más que el aire que respira, necesita independencia”.

El texto es aleccionador y sin proponérselo, exhibe la realidad que viven periodistas mexicanos como Jenaro Villamil, hoy director del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, y Sanjuana Martínez, la directora de Notimex. Ambos otrora férreos críticos del poder, han sacrificado su profesión y su independencia para convertirse en apologistas de un gobierno en el que no se están cumpliendo las reglas éticas mínimas de la comunicación y de la transparencia, además de que como lo hacían sus antecesores, constantemente vuelcan el poder público para cuestionar a sus adversarios o simplemente para defender al presidente que les dio empleo.

Más información en: SDP Noticias

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