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Tras su tercer fracaso electoral en menos de un año, Morena está en picada y el futuro de sus dirigentes políticos en la capital luce más gris que una tarde de contingencia ambiental.

Todo comenzó en junio del año pasado, cuando el partido oficial perdió más de la mitad de la ciudad y la mayoría calificada en el Congreso local. La derrota prendió las alertas y de Palacio Nacional arrebataron el mando a Claudia Sheinbaum.

La responsabilizaron de haber fallado en la operación política y le enviaron a un “especialista” como secretario de Gobierno para que le levantara el rating rumbo a sus aspiraciones presidenciales.

Fue así como llegó Martí Batres a recuperar el control territorial, pues venían la recolección de firmas para la revocación de mandato y la realización de la propia consulta.

Batres no tardó en mostrar su verdadera faceta de porro, lo que provocó la división no sólo al interior de Morena y del propio gabinete, sino en el Congreso de la CDMX. El funcionario se peleó con la mayoría de los alcaldes de oposición, quienes lo tienen vetado.

A manera de prueba, se organizó una consulta para el enjuiciamiento de los expresidentes de la República, la cual fue un fracaso. Entonces vino la recolección de firmas para la revocación y, a pesar de que hasta los muertos firmaron, apenas se logró la meta.

Vino la gran prueba y Sheinbaum prometió que la capital aportaría 3.5 millones de votos en la revocación de mandato del 10 de abril, para demostrar que lo de junio pasado había sido un accidente y que la capital seguía siendo el bastión lopezobradorista del país.

No se sabe quién le vendió esa loca idea, pero la jefa de Gobierno la compró y puso en marcha un plan gubernamental con todo el apoyo presupuestal y de los programas sociales para que los capitalinos salieran a votar en masa por la 4T.

Funcionarios, empleados y diputados barrieron el territorio capitalino para asegurar los votos que había prometido Claudia: el resultado fue otro estrepitoso fracaso.

A pesar de ir solos a las urnas, sin enemigos al frente, los morenos apenas rebasaron el millón y medio de firmas; menos de lo obtenido en junio pasado. Presumieron que el 90% de los votantes apoyó la continuidad del Presidente; omitieron decir que el 82% no votó.

Los morenos siguen gritando que 15 millones de mexicanos apoyan al Presidente, aunque haya perdido en tres años más de la mitad de los votos de hace tres años, y eso los llevará a la tumba.

Cierto que juntaron 15 millones, pero mediante una operación de Estado y sin enemigos al frente. En 2018, López Obrador arrasó en las urnas como opositor; hoy que es gobierno perdió la mitad de su fuerza, y eso que sólo él estuvo en la boleta.

En 2024 se verá la realidad de Morena, pues tendrá que competir como partido, ya sin Andrés Manuel en la boleta, y ahí es donde tocará tierra. Por lo pronto, en la CDMX va en picada.

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