Recomendamos: Corren tiempos oscuros para el periodismo mexicano, por Paula Mónaco Felipe

Una pinta realizada por periodistas locales y extranjeros para alertar y denunciar los asesinatos a periodistas en México. Credit Guillermo Arias/Agence France-Presse — Getty Images

CIUDAD DE MÉXICO — Nos metieron dentro de un auto y nos obligaron a cubrirnos la cabeza con abrigos. De repente todo era oscuro. Por una rendija entre la ropa solo veía una luz roja: el láser del arma recorriendo nuestros cuerpos.

Éramos tres periodistas en Tijuana, en la frontera con Estados Unidos. Trabajábamos en una zona peligrosa pero sin ánimo de arriesgarnos cuando, en segundos, había un grupo de hombres armados rodeándonos. Nos secuestraron. Así es la vida si eres periodista en México: trabajamos y vivimos en peligro.

Ocurrió a finales de noviembre, mientras documentábamos el éxodo de miles de personas que huían y huyen de manera desesperada desde Centroamérica. Los hombres armados nos llevaron a una casa de seguridad. Nos interrogaron, robaron equipos de trabajo y todo cuanto pudieron, hasta la gasolina del automóvil, monedas y un paquete de chicles. Vaciaron nuestras cuentas bancarias, sobregiraron tarjetas de crédito.

Esa noche hacía frío en Tijuana. Nos encerraron dentro de un carro. Yo temblaba y por ratos ardía. “Respire, señora”, me decía con cierto tono de amabilidad un muchacho vigía. Después se alejaba y platicaba por teléfono: “Los tiro por ahí […] Pues sí, si me dicen, los mato”, comentaba entre cuchicheos románticos.

A la distancia se oían disparos: a veces uno, dos o varios. También una sinfonía dispareja de perros que ladraba por la zona y risas de niños jugando muy cerca nuestro. Nos tuvieron desde el atardecer hasta la madrugada. Durante esas horas, al encargado de nuestra suerte le divertía que fuéramos periodistas. “Ahorita les voy a hacer una entrevista yo a ustedes. Vamos a hacer un documental chingón”, decía riendo. Nos obligó a hacerle una entrevista fingida, le teníamos que plantear preguntas mientras nos apuntaba con su arma. “Venga, rápido, pregúntame algo”.

Los que nos pasó a nosotros es un episodio pequeño de los oscuros tiempos que corren para la prensa en México. Tenemos a cerca de 140 reporteros, fotógrafos y camarógrafos asesinados y al menos 25 desaparecidos durante los últimos dieciocho años, según datos oficiales. Este se ha vuelto uno de los países más mortíferos del mundo para ejercer el periodismo. Eso significa que morir asesinados, ser desaparecidos o secuestrados, recibir amenazas y autocensurarnos es nuestro día a día.

Más información en: The New York Times

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