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Foto: Cuartoscuro
Si es cierto lo de que “es la economía, estúpido”, el presidente López Obrador tiene a la mano la fórmula perfecta para revertir la ya notable caída en su popularidad: aprovecharse del pleito de Estados Unidos con China como en la época del “desarrollo estabilizador” México se aprovechó del bloqueo estadounidense a Cuba.

Vámonos por partes.

La popularidad del presidente sigue estando alta, pero ya no es lo que era antes. Entre marzo y noviembre, en la encuesta de EL UNIVERSAL ha perdido 20 puntos: bajó de 79 a 59. En el mismo lapso, en la de Mitofsky que publica Roy Campos en El Economista, pasó de 66 a 57. Entre enero y octubre, Massive Caller en La Razón lo tiene también 20 puntos porcentuales abajo: de 80 a 60. En El Financiero, de marzo a octubre cayó 8 puntos. Y en Reforma, de marzo a julio perdió también 8 puntos.

Esto se debe sin duda a la falta de resultados en seguridad (Culiacán y LeBarón como episodios emblemáticos) y la parálisis económica.

Hay salida.

Muchas veces el presidente ha hecho referencia a que quiere imitar la época del desarrollo estabilizador en México. Sucedió hace más de medio siglo. Una etapa de crecimiento económico envidiable en el país, atribuida a los buenos oficios financieros de don Antonio Ortiz Mena, a quien el presidente ha elogiado extensamente. ¿Qué fórmula utilizó don Antonio? Una bastante sencilla, según recogen sus testimonios históricos: aprovecharse de que EU se había peleado con Cuba para sustituir con productos mexicanos algo de lo que Cuba les exportaba y absorber fondos para el desarrollo, que repartió la gran potencia buscando repeler las mieles socialistas.

Al presidente López Obrador se le presenta una oportunidad similar, de hecho, mucho más grande: Estados Unidos está de pleito con China, y México es el destino perfecto para que las empresas que tienen incertidumbre por esta disputa, diversifiquen sus inversiones: para no poner todos los huevos en la canasta china, pongan algunos en la canasta mexicana. ¿Por qué? Porque México ofrece la inmejorable cercanía física con Estados Unidos, el tratado comercial que está a punto de ratificarse y tiene una tradición de mano de obra suficientemente calificada y a bajo costo.

Pero el gobierno federal mexicano no ha sabido mandar las señales de certidumbre a los inversionistas como para que entren al país las carretadas de dólares que deberían estar entrando, en beneficio de todos los ciudadanos. Si bien se aquilatan la lucha anticorrupción, la disciplina fiscal y la decidida apuesta por la ratificación del T-MEC, al presidente AMLO se le percibe como adverso a la iniciativa privada, se recuerda el manotazo innecesario del aeropuerto así como la crisis autogenerada por el rompimiento de los contratos de gasoductos.

Más información: http://bit.ly/2D2Zj2V

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