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Nacional

PARA DESGRACIA DE LA COMISIÓN las conclusiones corrigen las que con tanta vehemencia apoyó el GIEI. Sí había elementos probatorios para presumir que en el basurero de Cocula había ocurrido un incendio en el que pudieron haber desaparecido los restos de al menos 17 personas


Los hechos de Iguala representan un hito en la lucha por la seguridad en México. Un suceso dramático evidenció lo que ocurre en algunas zonas del país donde el crimen organizado ha desplazado al Estado, se ha apropiado de autoridades municipales, hace funcionales a sus ilícitos intereses a las policías municipales, mientras las instancias locales quedan anuladas o sometidas a la red de intereses políticos, económicos y electorales. Además, en esa zona de Guerrero hay presencia de movimientos políticos radicales de viejo origen, situación que ha favorecido el uso político y propagandístico de la tragedia.


La autoridad federal ha cumplido su obligación al detener a casi todos los responsables. Además de sus confesiones, hay elementos probatorios que robustecen la versión de que los normalistas fueron entregados por policías municipales de Iguala y Cocula al grupo criminal que los asesinó para luego desaparecer sus restos. Con perversidad se hizo correr la versión de que los muchachos estaban vivos en instalaciones militares y, en la comprensible esperanza de recuperarlos vivos, los padres de las víctimas demandaron que se abrieran la puerta de cuarteles para que sus representantes pudieran inspeccionarlos.


La presencia de la CIDH se explica por la necesidad de construir confianza, especialmente ante los padres de las víctimas y sus representantes legales. Para ello se creó, con financiamiento del gobierno, unacomisión de expertos internacionales que se convirtió en una suerte de coadyuvante en las indagatorias. La independencia era su fuerza moral. Sin embargo, no entendieron bien los términos de su mandato, actuaron con prejuicio y descuido, quizás esto venga de la misma CIDH, instancia que ha tenido desde hace tiempo una postura crítica no tanto a la grave situación de los derechos humanos en México, sino al desempeño de las autoridades en la materia. Uno de los problemas que eran previsibles es el efecto negativo del uso extensivo y permanente de las fuerzas militares.


http://www.milenio.com/firmas/liebano_saenz/necesidad_de_construir_confianza_en_CIDH_18_716508364.html

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