Recomendamos: AMLO ante el mundo, por Jorge Fernández Menéndez

El presidente López Obrador participó en la reunión virtual del G20, integrado por los países más desarrollados del mundo. El Presidente, desde que asumió el poder, no había tomado parte en ninguna otra cumbre ni ha realizado viajes internacionales. Antes, también había viajado internacionalmente muy poco. López Obrador opina, u opinaba, que “la mejor política exterior es la política interior”, algo que nunca ha sido una buena idea, menos en un mundo tan globalizado como el nuestro.

Pero en esta ocasión participó, aunque haya sido en forma virtual. Sabemos que pidió que, ante la pandemia, no se cierren las fronteras (una posición, por supuesto, acertada), pero me imagino que su insistencia en que se debe apoyar a los más pobres en lugar de hablar de un plan de rescate económico global, como coincidían todos los demás participantes, puede haberlo hecho quedar un poco fuera de foco. Pero incluso desde ese punto de vista apoyó el paquete de 5 billones de dólares que el G20 invertirá en impulsar la economía global.

Me imagino que el presidente López Obrador participó de esta cumbre y no la delegó, como suele hacerlo, en el canciller Marcelo Ebrard, por varias razones. La primera es obvia, pese a su aversión a los viajes internacionales, en esta ocasión el encuentro era virtual y podía hacerlo desde su oficina. La segunda, y más importante, es que el presidente López Obrador se tenía que mostrar ante los demás líderes del mundo (ninguno lo conoce personalmente y, obviamente, él tampoco los conoce a ellos) luego de que su imagen sufriera golpes durísimos en los últimos días por sus actitudes y declaraciones ante la pandemia del COVID-19.

En medios de todos los países ha habido notas sobre los abrazos, los mítines, las declaraciones, los amuletos contra la pandemia del presidente López Obrador, que han llevado, incluso, a confundir las acciones que en realidad ha tomado el Estado mexicano con las ocurrencias del primer mandatario, en muchas ocasiones tomadas en contra de la propia política oficial y de las recomendaciones internacionales. Eso generó desconfianza ante un mandatario al que no se conoce, con el que no se tiene trato directo y que parecía ir en sentido contrario al resto del mundo, salvo el impresentable Jair Bolsonaro.

Insistimos en un punto. México parece peor preparado de lo que está ante la pandemia por esa necedad de seguir pidiendo que la gente se abrace, se bese, por sus giras con apapachos o por los detente y amuletos, que dañaron la imagen internacional del Presidente y, por ende, del país, ocultando incluso las cosas que sí se han hecho bien en torno a la pandemia, como lo ha reconocido la propia Organización Panamericana de la Salud.

Esto se relaciona también con el efecto negativo que tuvo la cancelación de la cervecera en Mexicali, una decisión económica desconcertante y poco racional que así ha sido interpretada por los medios internacionales, sobre todo los especializados. Lo de la planta cervecera se complicará aún más porque el Presidente habló de corrupción e influyentismo, sin presentar prueba alguna, pero olvidando que esas acusaciones en otros países, como Estados Unidos, pueden obligar a iniciar inmediatamente una investigación judicial. Tampoco ayuda que se filtre desde el propio Palacio Nacional que, en realidad, la cancelación es un ajuste de cuentas contra Valentín Díez Morodo, por las elecciones de 2006.

Más información: https://bit.ly/2UlJRbu

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password